Pasamos al Palacio Nacional a visitar la ofrenda tradicional de Día de Muertos (que estará hasta el 22 de noviembre) y de ahí caminamos por Uruguay casi hasta el Eje Central para comer en el tradicional restaurante Danubio, referente de buena gastronomía.
Llegamos y todavía tenían lugar, una suerte porque cuando está lleno hay que esperar un buen rato. Nos sentamos en la planta alta y enseguida pedimos una cerveza bien fría para acompañar un tequila Don Julio Reposado.
Nuestro amable mesero nos sugirió algunas entradas que aceptamos de inmediato: queso manchego español con aceitunas rellenas de anchoas, cebiche de pulpo y camarones gigantes rasurados. Como siempre, todo al centro.
Disfrutamos nuestro tequila acompañado de estos camarones, que llegaron servidos con cebolla bien picada, cilantro, chile verde, aceite de oliva, limón, sal, pimienta y un poco de salsa inglesa. Los acompañamos con galletas saladas. El cebiche de pulpo podría estar mejor, pues realmente no tenía un sabor tan agradable, y el queso no tenía mayor problema, manchego semicurado, bueno.
Después pedimos la carta de vinos. Nos decidimos por un blanco Albariño Vionta 2007, de la D.O. Rias Baixas, bien equilibrado, afrutado en nariz y con una muy buena acidez, ideal para maridar con pescados y mariscos.
Compartimos unas almejas en salsa verde, de buen sabor, aunque llegaron frías las almejas y caliente la salsa. Dago y Sonia se fueron por el menú del día que incluye cinco tiempos, postre y café. Su elección fue cebiche de pescado, caldo de mariscos, fabada asturiana, filete de pescado al ajillo, chuleta ahumada de cerdo y flan napolitano. Está muy bien servido, es una muy buena opción a precio razonable y lo tienen toda la semana.
Yo pedí los famosos langostinos al mojo de ajo, y Luis los camarones a la criolla, servidos con aceite de oliva y un sofrito de cebolla, chile guajillo y pimiento verde. Los langostinos, frescos, con buen sabor, hacen que literalmente te chupes los dedos; los camarones pudieron estar mejor, pues llegaron secos, fríos y sin sabor. Da la impresión de que ya todo estaba previamente preparado.
De postre, el clásico de El Danubio es un mil hojas canutillo, de la pastelería La Vasca, que cerró nuestra comida de manera espectacular.
Esta visita al restaurante Danubio no fue la mejor. El servicio, esmerado, correcto y amable, pero en general los alimentos no llegaron correctamente. Sigue siendo un restaurante bueno, aunque debería poner más atención a la calidad, la temperatura y la cocción de los alimentos.
celia.marin@eluniversal.com.mx
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