La buena noticia es que la bancada del PAN en la Cámara de Diputados fue la primera en reducirse el salario mensual, en congruencia con los tiempos que vive el país. La mala es que nadie sabe a dónde se van esos dineros. Haga cuenta: son 7 mil 500 pesos por cada uno de los 143 legisladores panistas; es decir, ya les quitaron un millón 72 mil 500 pesos mensuales. Los señores ya se rebelaron y pidieron a su coordinadora Josefina Vázquez Mota una reunión plenaria urgente. Recientemente les hicieron firmar un documento en el que renuncian durante toda la Legislatura al 10% de su dieta, y sólo les dijeron que el dinero “se está depositando en una cuenta bancaria de la que después se definirá su objetivo” o destino final. El caso es que la austeridad no es tan cierta, dicen ellos: el dinero sigue en la bancada del PAN, y no ayuda a los ahorros del erario. ¿Se preparan un retiro feliz, una especie de ahorro simulado en aras de la supuesta austeridad? Funcionarios de San Lázaro nos dicen que las dietas se depositan completas a los coordinadores parlamentarios, y que cada bancada reduce lo que requiera (ya sea por ahorros o por apoyos a sus partidos). Así que ahorros para el erario público, lo que se dice ahorros, no son. El dinero es hasta ahora un “guardadito” que, ¿por qué no?, después usarán en asuntillos personales.
Será una pena que Emilio Álvarez Icaza no sea, uno de los pocos activistas de los derechos humanos que se ha puesto de frente al poder. Pregúntenle a Marcelo Ebrard. Pero será un acto poco inteligente si se impone la continuidad, es decir, si se nombra como titular de la CNDH a Raúl Plascencia Villanueva o a Luis Raúl González Pérez. Más José Luis Soberanes Fernández. Cualquiera de los dos será como el anterior presidente, un tipo fácil, manejable, platicable, masticable, dócil. Eso dicen los que saben. Ojo, senadores: ni los fiscales, ni los auditores, y mucho menos los ombudsman deben ser cómodos. Al contrario: son tipos que dan la batalla. Pero, bueno, ándenle pues: nombren a un incondicional, maten otra institución.
Ayer estuvieron en la Cámara de Diputados los alcaldes de todo el país. Quieren más dinero. La pobreza (¡oh, Dios eterno!) los ahoga. Aprovechando el viajecito al DF, convocaron a una comilona de la austeridad: circularon cortes gruesos de carne, camarones, cerveza Pacífico y botellas entre whisky, tequila y ron. ¿Y quién pagó tantas bendiciones? Los ediles sinaloenses. ¿Qué tal si no estuvieran en quiebra?
Apunte final: Ayer fueron por el titular de Seguridad Pública y Vialidad del municipio de García, Nuevo León. Un general brigadier retirado. Lo mataron junto a sus escoltas. Antes habían rondado la casa del alcalde, quien por fortuna se salvó. El horno no está para bollos, para frases ocurrentes y redondas, para “vengadores anónimos” o juegos con pistolitas, ¿no, don Mauricio? Mejor que viva el imperio de la ley.
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