Yo mato a ese infeliz. Es la primera respuesta que daríamos ante la posibilidad de que alguien abuse sexualmente de nuestros hijos. ¿Pero qué pasaría si el abusador también es hijo o hija nuestra?
Especialistas en el tema, como la sexóloga Vicenta Hernández, han encontrado en los últimos años dentro de sus consultas, que la mayoría de casos de niños son abusados por sus hermanos o primos adolescentes o púberes.
El primer abuso es de los padres
Sin información y educación, los menores son totalmente vulnerables al abuso ya sea a recibirlo o a cometerlo, y evitarlo es trabajo, deber y obligación de los padres. A los dos años, el niño debe aprender las partes de su cuerpo por su nombre real y a distinguir que zonas como el pene, los testículos, vulva, ano, nalgas y la boca son privadas.
Para los cuatro años, el ser humano comprende perfectamente que privado no implica que sea sucio, sino que son partes que no deben ser exhibidas y, en particular, tocadas más que por ellos, por sus padres al asearlos y, en su caso, en la consulta médica. Para ello, es importante decirles que nadie tiene por qué obligarlos, ni pedirles verlos, explorarlos o tocarlos, aún cuando sean sus propios hermanos, primos u otra persona y que, a pesar de ser chiquitos, tiene derecho a poner límites.
Inicia siempre como juego
Cuando se da entre primos o hermanos, que son personas que tiene un vínculo afectivo y de confianza fuerte, empieza como un juego de tocarse o darse un beso y en este jugueteo se va excitando el más grande, al pequeño le falta información y conocer que las “reglas del juego” son que los besos y las caricias íntimas (incluidos los besos) no se dan de gente más grande a los más chicos o entre familiares.
Desafortunadamente, muchos niños abusadores carecen también de límites, ya que además de no tener información y educación sexual se les ha permitido actuar sin repercusiones cuando se portan mal. Así, el mayor tiene la impresión de que es un juego, aunque en el fondo sabe que no es correcto, tanto que hasta emplean un lenguaje muy similar al del adulto abusador, como decir: “Tú también querías, ese va a ser nuestro secreto, a ti también te gustaba”.
Cuándo sí es abuso
Los padres, en primer momento, deben documentarse y saber que hay juegos sexuales entre los niños y quizá en algún momento podrían ser testigos de ello, pero si son sólo juegos, son producto de la curiosidad más que del abuso. Por ejemplo, entre niños de cuatro años se da el caso de abrirse las nalgas para ver por dónde sale la popó, o distinguir entre pene y vulva, pero esto es sólo con los de su misma edad.
Es un abuso que un mayor utilice para juegos eróticos al más chico. La gran diferencia la hace la amenaza o el sentimiento de abuso que se expresa con angustia, como ocurre cuando hay penetraciones.
Qué hacer
Durante una escena de abuso, lo primero es preguntar qué están haciendo y voltearse para evitar que los niños vean nuestra cara de angustia, susto o miedo; si uno está muy asustado salirse a tomar aire, si es el caso, decirles que se vistan y esperar a que estén vestidos para hablar con ellos. No gritarles ni hablarles cuando estamos más asustados o cuando ellos están desnudos, ya que eso los hace sentirse más amenazados pues la desnudez hace que se sienta el abusado muy expuesto. Hay adultos que fueron abusados de pequeños, pero lo que más les afectó fue la reacción de los padres. Evitar etiquetar o juzgar, pero describir lo que vimos y pedirles que expliquen lo que pasó.
Para enfrentar el problema, hay que saber que esto no debe destruir a la familia, aunque sí es un parteaguas y hacer conciencia en que faltaba información, no había educación adecuada porque los adultos no asumieron lo que debían asumir.
Un niño que abusa de otro trae, casi siempre, una gran carga de culpa así como de arrepentimiento, y debe ser tratado al igual que al abusado, por un especialista.
Para evitarlo, hay que educar, nunca es tarde para empezar. Educar con valores, ejemplo, límites e información seria y verídica son las herramientas con las que los menores se pueden defender cuando no estamos con ellos.
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