La lucha libre es uno de los deportes de mayor riesgo físico. Una mala caída o un lance ejecutado de manera errónea puede costar la vida. De hecho estetas como Sangre India y Oro perdieron la vida luchando en la arena Coliseo.
Sin embargo, las desgracias para los luchadores no ocurren solo arriba del ring. Infinidad de casos revelan la falta de seguridad en que trabajan los gladiadores, quienes al sufrir una lesión o una enfermedad que les imposibilita seguir trabajando, enfrentan penurías muy lejanas a la grandeza que sobre el ring demuestran.
Un claro ejemplo es Pierroth Júnior, quien hace un año padeció un derrame cerebral que lo alejó para siempre de los cuadriláteros y la ha pasado muy mal. Aunque ahora ya está mucho mejor de salud, e incluso estuvo en la función homenaje en su honor, realizada hace unos días en la arena Isabel de Cuernavaca, enfrentó la falta de recursos para recibir atención médica.
Si ese es el caso de una estrella de la lucha libre, qué pasa con aquéllos que se quedan en el camino, lisiados de por vida y sin nadie que los respalde.
Cierto es que existe un sindicato de luchadores que despacha en las oficinas del Consejo Mundial de Lucha Libre y atiende a los estetas de dicha empresa. Pero qué pasa con los luchadores independientes, porque a ellos nadie los respalda, ni siquiera los promotores que los contratan.
Cuando Ana Gabriel Guevara era directora del Instituto del Deporte del Distrito Federal, El Hijo del Santo, Mil Máscaras y Pirata Morgan, le hicieron saber la necesidad de contar con una ley, seguro médico de gastos mayores y la creación de una clínica especializada para el deportista, argumentando que sólo los principales estrellas pueden costearse una atención médica adecuada
La respuesta sigue en el aire y los luchadores son los que deben de exigir que se concrete algo en su beneficio. Así que tienen que mostrar la misma fortaleza y rudeza que ofrecen sobre el ring para defender su seguridad. Y si no lo hacen, seguiremos lamentando la situación de los luchadores en desgracia, homenajeándolos por su valor, pero sin hacer nada más para ayudarlos.
Para cerrar, vale recordar a los luchadores que se adelantaron en el camino y ahora luchan en la arena celestial. Dar nombres está de más, porque todos fueron figuras por el simple hecho de pararse en un ring profesional. Para ellos vaya un gran aplauso y un reconocimiento por su labor como gladiadores en vida.
¡Buenas luchas!
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