Volverte a casar. A veces, hacer algo por segunda vez es más complicado que cuando se hizo por primera ocasión, y no estamos hablando de los simples preparativos, sino de todo el proceso que conlleva entablar nuevamente un compromiso de ese tipo.
Existen personas que por su codependencia necesitan estar en pareja y para asegurarse que ésa no se irá, optan por casarse. Otras, definitivamente tienen claro que la vida en pareja es la forma en que les interesa pasar su adultez y lo vuelven a intentar. Motivos para hacerlo hay muchos, y los obstáculos a sortear también.
Una de las primeras cosas a enfrentar es la crítica familiar, que existe, pero no es tan marcada cuando apenas se está en la etapa del noviazgo.
Dependiendo de la causa de la soltería (por divorcio o viudez, por ejemplo), las opiniones sobre la nueva pareja pueden ser más o menos duras. Si la causa es viudez, y el o la fallecida contaba con total aceptación de la familia, seguramente será mucho más complicado que se acepte sin comparativos con la otra persona.
Otra parte determinante son los hijos, de existir en alguna de las partes, o en ambos, el trabajo no sólo es caerse bien, sino aceptar los roles que se darán dentro de la nueva jerarquización, una vez que se establezca el compromiso. El duelo por la separación de los padres debe ser respetado sin imposiciones que lleven a conflictos y rencores, como obligar a los hijos a decirle mamá o papá a quien no lo es.
Los amigos también juegan un papel importante en las segundas nupcias. Más si eran comunes en el matrimonio anterior. Quizá, a raíz de la ruptura, se habrán tomado bandos y cada uno tendrá sus partidarios, pero en ocasiones algunas personas continúan su relación con las dos partes y no siempre se logra que la siguiente pareja sea tan bien acogida o que exista el mismo nivel de amistad o bien, al nuevo esposo o esposa puede causarle ruido que tal o cual amigo de su pareja tenga relación cercana con el o la ex.
Uno más de los retos a superar es la historia de cado uno. Generalmente, el fantasma de la pareja anterior se aparece en los primeros meses ya que hay una tendencia a repetir, de forma inconsciente, ciertos patrones de conducta que se tenían en el matrimonio anterior, pues es la manera en que se aprendió a vivir en pareja.
Cuando sólo alguno de los dos ha vivido con antelación en pareja puede actuar, a partir de su experiencia previa, como guía del otro, cosa que no siempre es bien aceptada por el o la “novata” ya que para la persona que inicia puede representar una imposición.
Los celos son otro punto a vencer. Hay personas que no desean que nada del pasado del otro se encuentre en su nueva historia, incluidos hijos o ex pareja. Y generalmente, si hay vástagos, la ex pareja seguirá en contacto.
Volverse a casar es, ciertamente, darse una nueva oportunidad, pero debe ser también un acto de responsabilidad tan o más consciente que la primera vez, ya que se sabe que la convivencia en pareja implica negociación, acuerdos, paciencia, tolerancia y, por supuesto, respeto y amor, cosas que no se viven tan intensamente durante la soltería.
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