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México D.F., a 4 de noviembre de 2009 | 4:35 PM

Roberto G. Castañeda
Manual para canallas
29 de octubre de 2009
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Sutura para sueños rotos


Aquella vecindad apestaba. Literalmente, apestaba: vivíamos junto a un río inmundo y lleno de deshechos industriales. Y encima de todo, las ratas eran habituales visitantes. No tengo fobias, ni temores, pero las ratas siempre me han provocado náuseas

Aún así, nunca tuve problemas en eliminarlas a resorterazos o arrinconarlas con una escoba en la esquina. Bueno, el asunto es que mi jefa se esforzaba por sacarnos adelante en la medida de sus alcances. Sola y con cuatro hijos, que además eran tremendos, Alicia tenía que lidiar con caseros que nos corrían a la menor provocación, ya porque “sus hijos dejaron escapar a los conejos”, ya debido a que sus “escuincles le pegan al mío” y demás etcéteras. Éramos miserables y además lo parecíamos: pantalones remendados, tenis rotos y camisas regaladas por los primos más favorecidos. En el límite de la desesperación, mi madre aceptó un trabajo como afanadora o auxiliar de intendencia como le llamaban decentemente. Y desde entonces, mi jefa se partió el lomo barriendo salones y lavando baños inmundos. Ella siempre fue una mujer que no tuvo escapatoria. De pronto mi padre la abandonó y fue enviada a un puto purgatorio que nunca había imaginado, pero en lugar de darse por vencida o envenenarnos con raticida, optó por demostrarse que si se había metido en ese laberinto al menos tendría el coraje para conducirnos hacia la salida. Yo tendría unos nueve años cuando nos mudamos a una vecindad más decente, en el centro de un pueblo con pretensiones de ciudad llamado Atizapán. Para completar la renta, Alicia vendía quesadillas y sopes en la entrada del vecindario, junto a una pulquería. Sí, Alicia en el país de las quesadillas. Chale, eso qué. Pinche chiste local y mamerto. Mi madre recuerda que nos iba bien, que gracias a ello no tuvimos que dejar la escuela. Pero también mi jefa dejó media vida en el intento por darnos al menos una existencia llevadera. Yo iba por el carbón y los refrescos, mi hermano cortaba el papel estraza en cuadritos, mi carnalita se comía la masa cruda, mi otra hermana aprendía a guisar junto a mi madre. Y todos empezamos, sin saberlo, una empresa familiar que nos sacaría a flote. Alicia era tan buena para cocinar que eso le abrió muchas puertas. Lo mismo hacía 200 tamales para la señora de la tienda, que preparaba 150 chiles en nogada para la directora de la escuela. Un buen día llegó con dos noticias: la buena, que hay que hacer 400 tortas diarias; la mala, que les toca a ustedes hacerlas. Y así dio un giro nuestra vida. En las mañanas teníamos que hacer 200 tortas para venderlas a la hora del recreo en la secundaria 8. Y en la tarde una cantidad similar. No era gran ciencia, pero sí muy laborioso. Había que cocinar los frijoles desde una noche antes, teníamos que ir por las teleras a las 6 de la mañana y picar la lechuga y elegir los jitomates en su punto. Cómo hacíamos para estudiar y atender el negocio, eso es algo que aún no alcanzó a entender. Sólo sé que mi madre se las ingeniaba para que todo funcionara a la perfección.

 

>>>

 

Luego entré a la secundaria y, debo confesarlo, me avergonzaba que mis compañeros me vieran cargando mis costales de pan mientras iba de regreso a casa. A la hora del receso me tocaba vender las tortas en la cooperativa. Y pasé de ser el chico listo de mi clase a llamarme Señor Turtle. Así me puso el más “ocurrente” de mi clase, aunque tuvo que explicar el chiste: “Mister Turtle, el Señor Tortuga, lo entienden, porque es el que hace las tortugas, las tortas pues” y se reía como un tonto. Sentí ganas de lanzarme sobre él y estrellarle la cara, con todo y gafas, sobre la pared. Pero yo era un chamaco muy decente o muy puto. Así que no me quedó más que amortiguar el peso de mi nuevo apodo. Y durante tres años fui Mister Turtle. Claro que también fui bueno para el futbol y malo para sociabilizar. Tenía poco tiempo para hacer lo que hacían todos los chavos de mi edad. En lugar de ir a pedir calaverita, con mi calabaza iluminada con velas, tenía que encender el anafre. En vez de coleccionar estampitas de luchadores, debía ir a comprar la masa para los sopes. De chicas ya ni hablamos, porque más tardaba en invitar un helado a mi vecina que en escuchar los gritos de mi madre para que fuera a ayudarle a mi hermana a hacer la tarea. Por ser el mayor, me tocaron los peores regaños, los golpes más fuertes, las responsabilidades para las que no parecía preparado. Yo hubiera querido ser portero profesional y tenía el talento. Eso me decía mi entrenador, tal vez porque le simpatizaba o quizá porque en verdad era bueno. Pero el día de la final, cuando se elegiría a los seleccionados del estado de México, no pude ir a porterear porque mi madre se cayó de las escaleras, se desmayó y se rompió la pierna. Me bajaron del camión para explicarme que había sucedido un accidente. Mi madre fue llevada de emergencia a un hospital y tardó unas dos horas en cirugía. Se recuperó pronto de la herida, pero le quedó una ligera, apenas perceptible, cojera. A mí siempre me atacó la duda sobre si aquel partido de futbol pudo haberme cambiado el rumbo. El destino suele ser un bufón, que se ríe a nuestras costillas. Y la pierna de mi madre acortó sus pasos. Y yo tuve que suturar mis sueños de ser futbolista profesional. Siempre que lo platicamos, mi jefa me recuerda que está más orgullosa de mí por haber terminado la universidad. “No me hubiera gustado ser como la mamá de Cuauhtémoc Blanco, que se la pasa peleando con las nueras”, bromea Alicia y se ríe con esa risa franca que siempre me ha iluminado. Chales, jefa, me cai que me hubieras heredado tu alegría. Y no estaría todo el tiempo sintiéndome un miserable, como ese chavito que fui algún día y que no recorrió el barrio pidiendo para su calaverita. En verdad que mi madre es todo un caso, una mujer hecha de otra madera, que escondía sus lágrimas para no entristecernos. Sí, mi madre es esa señora que remendó mis alas rotas, que nunca me dio un abrazo pero que me miraba con ternura mientras yo dormía. Sí, mi madre es un monumento a la dignidad, como la tuya, como la señora que lava ajeno, igual que aquella vecina que vende pambazos en la esquina. Lo único malo, sin reclamos, es que me heredó esta mirada furtiva, llena de tristezas y que inunda en época de lluvias.

 

manualparacanallas@hotmail.com

 

 

 

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Comentarios: 1 - 20
tlacuache64
2009-11-04|16:29
mexico
La verdad que llevo años leyendo tu columna, y esta es una de la mejores, que hasta alguna lagrima nos sacos a varios

galileo7
2009-10-29|17:13
Ciudad de México
Muy bien Roberto, la mejor nota de todo el año, se me salieron las lágrimas; otro pretexto para no dejar de leerte cada jueves. Felicidades.

Lukas2009
2009-10-29|16:29
Tenochtitlan
Bien mi estimado Roberto se me hizo un nudo en la garganta, yo no comocí a mi jefa, pero me dicen que era muy luchona, me imagino que como la tuya. Saludos

nohemi38215
2009-10-29|15:49
toluca
Excelente!!!

neckou
2009-10-29|15:48
Internet
el relato es bueno, pero hay algo extraño, muy extraño... parece ser otra parte de tí que no se leía en tus relatos... aún así, muy bueno...

GGMRL31
2009-10-29|15:02
Mexico
Conforme avance en la lectura fueron varios los sentimientos encontrados: alegria, agradecimiento, tristeza, nostalgia, agradecimiento por aun contar con mi madre.

ciberbruja
2009-10-29|14:09
df
Este texto es de lo mejor que has escrito. Me gustó leer algo que no trata sobre caderas que te hacen enloquecer, malas pedas y miles de citas de tus canciones favoritas. Felicidades. PD: uno de tus lectores te confundió con Jorge Castañeda.

spaiderman
2009-10-29|13:15
SLP
Querido Roberto, es muy buena tu historia, pero no tengo el gusto de conocer tu jeta, pero con este relato te imagino ralo y con un copete lacio y negro que cubre tu entristecido y sufrido rostro (EMO)

RENUENTE
2009-10-29|12:57
MONCLOVA
Chale vato loco... está chida tu nota.... dime de cual fumas para la inspiración.. felicidades.

pgjurado
2009-10-29|12:26
distrito federal
No puedo dejar de leerte cada jueves, felicidades, yo también tengo una mamá así. y caso curioso creo que soy igualita a ella, buen fin de semana!!!

licvalero
2009-10-29|11:39
Distrito Federal
Excelente, como siempre. Buen día.

Cfantasma
2009-10-29|11:22
México
Muy bueno esta semana, y si en realidad el amor de madre hace hasta lo imposible por sacarnos siempre adelante, melancolico si, pero es una realidad. Buen fin de semana

Ferysa
2009-10-29|10:13
México
Nunca pones mis comentarios. Al diablo con ustedes.

LUNALINDA
2009-10-29|10:07
Saltillo
xq no aparecen mis comentarios?

policeman
2009-10-29|09:52
mexico
Perfecto,Crudo, Triste y Melancolico como es la vida....

elrogerdf
2009-10-29|09:48
gam
Pinche Roberto...Soy un hijo de la ch*ngada, pero honestamente ese relato de infancia, si no es el tuyo, te lo platicaron muy bien. Muy parecido a la mia, solo que en mi caso no hice sopes...mas bien era soportar la burla de la ropa regalada de los primos mayores.en fin, me hiciste de repente recordar que no le he dicho a mi progenitora lo agraecido que estoy con ella. Escribes con el corazón, no con el intelecto...dejas manchas de sangre en el papel, es decir sociabilizar??? o socializar?? Gracias por publilizar tu columna..

pacharro
2009-10-29|09:46
NAUCALPAN
Es una Historia que creo la vivimos muchos, pues tambien mi Madre tuvo que partirse el lomo para poder sacarnos de la miseria, ya que mi Padre murio, pero gracias a Dios pudimos responderle, mas hay veces que no se lo agradecemos. Aun en estos dias sigue ayudandonos porque somos sus niños.....

Belladijana
2009-10-29|09:25
México Df
Mi Canalla Mayor, como siempre me has inspirado y si una lágrima recorrió mi rostro, no es de malancolía... es de felicidad al saber que realizas este gran homenaje a tu madre y a todas aquellas mamás luchonas, que nos guían y nos aman más allá de la muerte. Gracias, por darnos una pruba más de que las mamis son y será la neta en esta vida.

mrbp141269
2009-10-29|09:16
DF
Robert, éste realto es crudo pero muy real ... las Mamás SIEMPRE serán algo fuera de éste mundo ... CELESTIALES ... y doy Gracias a Dios por contar con la mía todavía ..!!!

Ferysa
2009-10-29|09:10
México
Alicia en el país de las maravillas, no sólo estaba en México, país de las injusticias, en dónde miles de mujeres como tu mami se rifan a diario por sacar adelante a sus hijos, ya que los hombres en su mayoría agarran la jarra y sueltan a los hijos. Qué tu tristeza te anime por lo menos a ser más cómo tu madre y no como tu padre, Vale.

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