Somos, de hecho, el país que más fuerte resintió esa caída en toda América. Sin embargo, y aunque le parezca extraño, creo que tuvimos mucha suerte de que esa crisis haya ocurrido en 2008.
Desde 2001, en esta columna sosteníamos que el exceso de consumo de los estadounidenses, que provocaba un gran déficit comercial y fiscal, llevaría tarde o temprano a un ajuste muy duro, que necesariamente se trasladaría al resto del mundo, y en particular a nosotros. Lo que nadie podía saber es en qué momento ocurriría eso. Desde 2006, cuando empezamos a reseñar con cierta frecuencia el comportamiento de la producción de petróleo y la amenaza que eso significaba para nuestra economía, la peor pesadilla de esta columna era que estas dos maldiciones cayeran al mismo tiempo, lo que muy probablemente sería en 2010.
En otras palabras, el que haya ocurrido la crisis en Estados Unidos en este año (es decir, desde 2008), ha sido una gran suerte para México.
Déjeme mostrarle por qué.
Supongamos que no hubiese habido crisis en Estados Unidos en 2008, y que hubiéramos mantenido nuestro ritmo de crecimiento, un pequeño 3%. Nuestro comercio exterior se habría mantenido también a un ritmo no muy grande, de entre 8% y 9% de crecimiento en las importaciones y exportaciones no petroleras. Algo similar habría pasado con las importaciones de gasolina, que habrían crecido mucho más rápido, porque la capacidad de producción del país no ha crecido en los últimos años, y la demanda lo hacía a 6% anual. La producción de petróleo, en cambio, habría seguido cayendo, porque no tiene nada que ver con la crisis internacional.
Siguiendo estos números, el déficit comercial de nuestro país habría sido de 24 mil millones de dólares para este año, y de 35 mil millones para 2010. Ya este segundo número es muy grande como para poderlo financiar sin problema. Peor aún cuando la producción y exportación de petróleo va cayendo. Imagine usted, entonces, que la crisis del país vecino se hubiese tardado un año más: nos habría agarrado justo pidiendo prestadas cantidades importantes en el mercado internacional, como les ocurrió a los países bálticos, que han sufrido una crisis brutal en estos días.
La crisis en Estados Unidos, con todo el sufrimiento que ha causado en nuestro país, ha sido en realidad una bendición por el momento en que ocurrió. Eso nos ha dado al menos un año más de plazo para enfrentar nuestros problemas, aunque eso nos haya costado cientos de miles de empleos.
La contracción de la economía mundial ha implicado que nuestro comercio internacional caiga, de forma que el déficit comercial para este año, en lugar de los 24 mil millones que le comentaba arriba, será inferior a 10 mil, y para 2010, que amenazaba alcanzar 35 mil millones de dólares, tan sólo tendremos un déficit de 20 mil, que siendo alto, es manejable.
El problema importante de financiamiento de la cuenta corriente se pospuso hasta 2011, cuando esperamos que supere los 40 mil millones de dólares. Es una cifra que no se puede financiar fácilmente, porque ya estará cerca de 5% del PIB, que ha sido tradicionalmente el límite en el que el resto del mundo nos deja de prestar. Más ahora que ya no tenemos petróleo para usar como garantía.
Es decir que lo único que nos dio la crisis mundial fue un año de plazo, que necesitamos aprovechar. En este año, es decir hasta septiembre próximo, necesitamos tomar medidas que nos ayuden a conseguir esos 40 mil millones de dólares en 2011, porque ya en ese año ya no se podrá hacer nada. La mejor manera de obtener esos dólares es en inversión extranjera, de ser posible directa. Y para ello lo que requerimos es convertirnos en un destino atractivo.
Nadie en su sano juicio puede pensar que en un año cambiaremos tanto a México como para hacerlo el mejor lugar del mundo para invertir, pero sí podemos tomar decisiones que transformen la imagen que tenemos, y con ello atraer inversión. Justo eso ha hecho Brasil, que no ha cambiado de manera significativa y sigue siendo, como nosotros, un país muy problemático, pero ha logrado construir una imagen suficientemente atractiva como para que todos crean que se convertirá en potencia. Y no hay que menospreciar las creencias, que suelen ser muy poderosas.
Bastaría con tomar unas pocas decisiones en los próximos 12 meses para transformar a fondo la imagen del país, y con eso obtener el financiamiento necesario para resolver nuestro problema inmediato. Sin duda es necesario hacer una reforma fiscal en serio, que deberíamos aprobar en abril, y no esperar hasta noviembre; ayudaría mucho una reforma laboral y una energética en serio. Podríamos sumarle otras pocas decisiones, pero tampoco es cosa de hacer magia.
Pero si no podemos tomar esas pocas decisiones en los siguientes meses, entonces es prácticamente un hecho que no tendremos cómo financiar nuestra cuenta corriente en 2011, y entonces vendrán los problemas. Como quiera que sea, tuvimos suerte, y tenemos un año para, ahora sí, tomar decisiones de fondo. Ya veremos.
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