El problema que enfrenta México es la caída de producción de petróleo, no los impuestos, ni la recesión, ni ninguna otra cosa. Es un grave problema porque el petróleo nos ha mantenido por 30 años, y se acaba. Compensar la riqueza que el crudo nos daba no será cosa sencilla. De hecho, ni siquiera hay quien ofrezca alguna solución para ello, sino sólo para distribuir la pérdida. De eso se trata el incremento de impuestos, de distribuir la pérdida entre bienes públicos y bienes privados.
Puesto que el petróleo es propiedad de la nación y el gobierno administra ese ente imaginario, ha sido el gobierno el que ha captado los recursos que da el petróleo y los ha utilizado para financiar el gasto que no cubrimos con impuestos. Es decir que cerca de 40% del gasto público (educación, salud, seguridad, servicios, fomento, etc.) se ha pagado con petróleo. La caída de producción es severa, de 3.4 millones de barriles diarios que producíamos en 2004, en este año promediamos 2.6. Se han perdido 800 mil barriles diarios, que a los 60 dólares que hoy vale, son 48 millones de dólares por día, 17 mil 500 en un año, que a 13 pesos por dólar son 227 mil millones de pesos.
Eso es lo que hemos perdido, y la cosa es cómo lo distribuimos entre todos.
Si no hacemos un esfuerzo por distribuirlo, entonces toda la pérdida será para el gobierno, es decir, para la provisión de bienes públicos. Como éstos van para quienes menos tienen, toda la pérdida la recibirán los más pobres de México. Para evitarlo, se elevan impuestos de forma que una parte del costo sea para quienes tienen con qué pagar impuestos. Pero éstos, los más ricos (o los menos pobres, como quiera), no están dispuestos a pagar. En pocas palabras, quienes tienen algo en México no quieren perderlo, y prefieren que quienes no tienen nada pierdan el apoyo del gobierno. Es la miseria humana en su máxima expresión.
Ahora bien, este problema ya lo tenemos encima. En este año, para resolver esa pérdida que le acabo de mencionar, se usaron recursos que se tenían guardados. Una parte en el fondo de estabilización petrolera, otra en excedentes del Banco de México, otro poco se recortó de gasto, y a tapaderazos, pero ya sacamos 2009. Para 2010 ya no hay ahorros ni excedentes del Banco, y por eso el alza de impuestos. El alza es muy pequeña, y lo único que buscaba era librar el próximo año, pero ni eso quieren pagar. Los políticos, que no quieren perder votos, ya se hicieron eco de las quejas, y con la excusa de una mala declaración de César Nava, tumbaron el acuerdo, y a ver qué se les ocurre ahora.
Pero el tiempo pasa, y en una semana habrá que tener una Ley de Ingresos aprobada como sea. Con esos ingresos se hará un presupuesto, también de puros retazos, para tenerlo listo en dos semanas más. Luego vendrán las fiestas decembrinas, y después los festejos del centenario. Durante 2010, empezaremos a entender todos cuál es el problema de México.
Según las cuentas de esta columna, produciremos menos de 2.5 millones de barriles diarios a partir de abril, lo que implica que estaremos exportando menos de un millón de barriles más o menos al mismo tiempo. Para fines del próximo año, la producción será de 2.3 millones de barriles, y las exportaciones de 800 mil. Así, a golpe de vista, no parece gran cosa, pero déjeme darle unos datos más.
Para abril, las importaciones de gasolina promediarán mil millones de dólares por mes, y el total de combustibles importados andará en los mil 800. Para fines del año, ya serán 2 mil millones de dólares mensuales de importación de combustibles. Las exportaciones de petróleo, en cambio, en abril nos darán 2 mil 600 millones de dólares al mes, pero para fines de año apenas 2 mil 100 millones. Es decir que para fines del año próximo ya no nos va a alcanzar lo que obtenemos de exportar petróleo para pagar lo que importamos de combustibles. En la suma, durante 2010 el saldo de exportaciones petroleras menos importaciones de combustibles será un poco menor a 7 mil millones de dólares.
Nuevamente, parece que no hay problema, pero recordemos que en el resto del comercio somos fuertemente deficitarios. En 2008, el déficit del resto del comercio sumó 38 mil millones de dólares; en 2009, gracias a la crisis, se reducirá a cosa de 22 mil millones. Para 2010, con la recuperación, podemos esperar que esté en alrededor de 28 mil millones de dólares. Pero sólo tendremos 7 mil millones de saldo petrolero para cubrir ese déficit. Nos faltarán 21 mil millones de dólares. Puesto que el resto de la cuenta corriente prácticamente sale en ceros, ése será el déficit en cuenta corriente. En otras palabras, es la necesidad de dólares que tendrá México y que debe financiarse con inversión, sea directa o de cartera, o con créditos. No es una cifra inmensa, pero sí es mucho mayor que las necesidades que hemos tenido en los últimos años. Desde los años 90 no necesitábamos tanto dinero. Claro que en aquel entonces México era una economía mucho más pequeña y por eso bastó con ese déficit para que entráramos en crisis. Ahora no pasará así. No en 2010. Para 2011, las tendencias que le hemos comentado continuarán. Y para ese año el déficit esperable en cuenta corriente podría alcanzar los 40 mil millones de dólares. Y ése sí no tengo idea de cómo podrá financiarse.
Debido a esta tendencia, que los mercados normalmente anticipan, sería esperable que empecemos a tener presiones en el tipo de cambio hacia mediados del año próximo.
En particular, para los inversionistas extranjeros, la evidencia de que México ha vivido del petróleo, y de que es incapaz de vivir de otra forma, no les será agradable.
Puesto que el gobierno no es capaz de financiarse sanamente, no será buena idea prestarle. Menos cuando ya ni siquiera hay petróleo que pueda usarse como garantía de pago, como ocurrió en todas las crisis pasadas. Ahí tiene usted cuál es el problema que enfrentamos. Pero si prefiere no pagar impuestos, no lo haga. Ya lo pagará con la crisis.
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