Las cosas ya no funcionan, los desacuerdos y las discusiones se volvieron cotidianos. En lugar de propuestas amorosas hay amenazas, en lugar de frases cordiales hay insultos, la falta de respeto aparece a cada instante junto con la idea del divorcio.
El recurso del divorcio es una alternativa que legalmente disuelve un contrato matrimonial. Lo malo es que durante su proceso van involucrados muchos sentimientos que son consecuencia de los problemas que llevan a la pareja a separarse y que, desafortunadamente, son por los que la persona se deja guiar.
Evidentemente, nadie llega al divorcio con una sonrisa (aunque deberían las personas que han sido golpeadas o sometidas a humillaciones y maltrato por sus parejas), pero la realidad es otra. El divorcio es visto como el fracaso de la relación y no la opción para evitar daños mayores, y ésta es la idea que hace despertar el sentimiento de fracaso, depresión, frustración, desilusión o hasta venganza.
Los que creemos inevitables
Por ello, la idea de tomar un elemento legal para vengarse del otro es de lo más común. Despojarle de la mayor cantidad de bienes que tenga siempre suena tentador. Lo malo es que el otro se defenderá y continuará la guerra.
Difamar es otro de los recursos que erróneamente se ponen sobre la mesa en un proceso de divorcio. Cuando los sentimientos están muy dañados, o de plano no se tienen escrúpulos, hacerle mala fama a la pareja es una de las formas que se usan para conseguir aliados, poner al otro en mal con los amigos comunes y destruirle su buena imagen social.
Otra conducta que suele darse, sobretodo cuando hubo infidelidad, es hacer el proceso largo, cansado y desgastante. Con esto, por lo regular la parte ofendida busca “fastidiar al otro”, desesperar al tercero en discordia y arruinar la relación que arruinó la suya. Este truco casi nunca sale bien, porque al alargar el tiempo se da pie a incrementar los problemas, vivir más tiempo los rencores y hay más oportunidad para ofenderse.
El rey de los errores
Sin duda, el gran error es olvidar que los hijos son seres humanos que también sufren por la separación de sus padres y usarlos como armas de lucha. Hablarles “pestes del otro”, olvidando que es su padre o madre, es lo primero que se hace, amenazar delante de ellos de que no los volverán a ver, ponerlos en contra o, peor aún, hacerlos tomar partido.
Definitivamente, el divorcio no es fácil y requiere su tiempo, así como su espacio de duelo para aceptarlo y asimilarlo, pero hay que estar conscientes que nuestras acciones pueden hacer peor este proceso, dejar heridas que nos pudimos evitar y resentimiento o rencores que no necesitábamos alimentar, pues la sanación emocional y sentimental puede ser mucho más complicada.
|