En la Cámara de Diputados el secretario del Trabajo no aguantó el tercer round. Mal había empezado el primero cuando Josefina Vázquez Mota y otras diputadas del PAN, al flanquear el acceso a la tribuna de Javier Lozano Alarcón, bloquearon la curul de Gerardo Fernández Noroña, del PT, quien es secretario de la Mesa Directiva y necesita mucho menos que eso para armar una batahola.
En compañía del también petista Jaime Cárdenas reclamaba como ilegal que el asiento, a la derecha del compareciente, le hubiera sido asignado a la panista María Dolores del Río. De ahí pasaron a la vociferación: “¡fascista, fascista, fascista!”, coro al que se sumaron otros legisladores del PT, Convergencia y del PRD, en franca referencia a la forma en que operó la extinción de Luz y Fuerza del Centro, y echó a la calle a sus casi 60 mil trabajadores. Presidía la sesión, vaya paradoja, el diputado blanquiazul Francisco Salazar, miembro distinguido de los ultras de la derecha y secretario del Trabajo con Vicente Fox cuando la explosión de Pasta de Conchos y el enfrentamiento entre el gobierno y el sindicato minero, quien llamó a un primer receso.
Al reanudarse la sesión —después de que los coordinadores parlamentarios aceptaron, a cambio de un compromiso de orden, darle su curul a Noroña y permitir el acceso de un grupo de electricistas que desde temprano se manifestaban en las afueras de San Lázaro— Lozano pudo pronunciar sin problemas mayores su discurso de introducción que, palabras más, palabras menos, aseguraba que, sin su desempeño al frente de la Secretaría del Trabajo, serían muchos más los 3 millones de desempleados y 12 millones de subempleados que el INEGI informó el miércoles hay en el país. Cerró su alocución con el aserto de que la decisión de extinguir LyFC fue la correcta, absolutamente legal e incuestionablemente legítima.
Los posicionamientos parlamentarios asumieron tonos similares de soberbia hasta convertirse en una sucesión de regaños cuando Porfirio Muñoz Ledo le exigió que lo escuchara mientras le decía que si el criterio para acabar con LyFC fue la ineficiencia, ya era hora que se le negara la toma de nota a Calderón.
Después, en medio de un griterío que subió de tono mientras la diputación del PAN intentaba detener la tormenta, el perredista Emilio Serrano manoteó a Lozano en el atril de oradores exigiéndole que lo mirara mientras hablaba y el también perredista Adán López Hernández le arrojó un manojo de billetes, su liquidación, dijo, en lo que fue la escena más dura, más violenta de la comparecencia. Y en eso estaban cuando el grupo de electricistas, encabezados por Martín Esparza, irrumpió en la galería del salón de plenos, lo que dio lugar a que el panismo exigiera una nueva suspensión de la comparecencia. Ésta ya no se reanudó, fue dada por concluida. Lozano ya no salió al tercer round. Tiró la toalla, estaba noqueado. Tales son los términos de nuestro diálogo político. Muy grave, muy riesgoso.
Instantáneas
1. ESQUIROL. El martes pasado, cuando Alejandro Muñoz, tesorero del SME, contrincante y acusador arrepentido del líder electricista Martín Esparza anunciaba, contra las intenciones de unidad del gremio, que buscaría reanudar el diálogo con Gobernación y negociar con Calderón la recontratación de algunos de los 45 mil empleados echados a la calle con la extinción de LyFC, su familia tomaba un avión para salir del país. Nos dicen que ya está a buen resguardo en Nebraska, EU.
2. DESENCAJADO. La noticia de que era un violador de garantías individuales según veredicto de la Corte, tomó a Ulises Ruiz en Zautla, municipio de Etla. Según correos recibidos en esta columna, el gobernador de Oaxaca pronunciaba un discurso. Su secretario privado, Carlos Martínez Santiago, le pasó una tarjeta con la información. A Ruiz se le cayó la quijada. Sin mediar explicación interrumpió su alocución. Marcó por el celular a sus asesores jurídicos con los que conversó por casi una hora. Dicen que Ulises sabe que hay manera de evitar el juicio político en el poder legislativo pero que está muy preocupado porque el senador Manlio Fabio Beltrones presiona para que se le pida la renuncia. De cualquier manera, el gobernador de Oaxaca ya es un cadáver político y un lastre para el tricolor.
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