Con una puñalada trapera, de esas que no sólo duelen sino que enca…nijan por la mentira y el engaño, los del PRI nos clavaron a todos con la aprobación del aumento al IVA y los nuevos impuestos que propuso el presidente Felipe Calderón.
Nunca he sido priísta, pajaritos, y más bien tengo serias distancias con los dinosaurios; pero ante la incapacidad de los panistas y el radicalismo de los perredistas, llegué a creer —qué ingenuo y pen...itente de mí— que los del PRI se opondrían al sanguinario plan fiscal de Calderón y buscarían una alternativa que no golpeara tanto a la gente.
Como diría mi amiga Paquita la del Barrio: “Pero qué mal calculé, yo le creí a los priístas, pero son bien gobiernistas por cul…pas o yo que sé”; si están pensando en estos momentos “ah, qué duende tan idiota”, pues sí les doy la razón. En algún momento creí que los viejos y mañosos dinosaurios, ésos que a pesar de su negro pasado siguen ganando elecciones, los que nos dicen que ya aprendieron de sus errores, de verdad habían entendido que si querían tener la posibilidad real de volver al poder en 2012, tenían que frenar las groseras intenciones del Presidente de cargarnos a todos, a los mismos de siempre, el costo de la crisis.
Pero la verdad me equivoqué; nunca hubo tal “plan alterno” con el que el PRI cacareó que modificaría radicalmente el plan fiscal de Calderón. En realidad se trató de un gancho, de un distractor de los priístas mientras ganaban tiempo para dos cosas: que pasaran las elecciones locales de Coahuila y Tabasco del domingo pasado, en las que no querían que su bajeza de aprobar los aumentos de impuestos les afectara, y también hicieron tiempo para negociar con Hacienda el reparto del botín de dinero que van a obtener con el aumento del IVA y con los nuevos gravámenes, que será repartido entre los gobernadores priístas.
Yo no sé a ustedes, pajarillos, pero a mí todo esto me da asco. Asco del gobierno federal que no encontró otra forma de subsanar su escandaloso faltante en las finanzas públicas que cobrándole más impuestos a la gente; asco de los diputados priístas y panistas, y los del PVEM y los del Panal y los de todos los demás partidos que votaron a favor del alza de impuestos, que ni por un momento se pusieron en los zapatos de millones de mexicanos que estamos luchando desesperadamente por sobrevivir, que nos partimos el lomo para ganar el dinero que nos permita llevar alimento, vestido y lo indispensable a la casa.
Ya no les hablo, pajarracos, de los casi 50 millones de mexicanos que, según las cifras oficiales de la más reciente Encuesta Nacional de Ingresos en los hogares mexicanos realizada por el INEGI este año, viven en condiciones de pobreza; y de los casi 20 millones que están en situación de pobreza extrema, en la cual cayeron muchos de ellos en el actual gobierno de Calderón. Esos mexicanos no existen en el mundo de gorra en el que viven nuestros diputados, nuestros secretarios de Estado, nuestros gobernadores y presidentes.
En su mundo rosado, que les costeamos todos los que trabajamos, sólo hay restaurantes de lujo, comidas gratis, camionetas del año, celulares de última generación; viajes gratis al extranjero con todo y su familia, seguros de gastos médicos para atenderse, ellos y sus hijos, en los mejores hospitales privados. ¿Cómo van a pensar en el hambre y en lo que cuesta ganar el dinero si muchos de ellos siempre han vivido a costillas del erario y de nuestros impuestos? ¿Cómo si los que llegaron desde abajo a la política ya se olvidaron de su origen y han encontrado en los cargos públicos sólo una forma de hacerse nuevos ricos?
¿Y qué vamos a hacer al respecto?, le preguntaba ayer a la Mafufa. “Nada”, me respondía la bruja. “Con lo agachones y cobardes que somos, seguro vamos a patalear un rato, a quejarnos, a mentárselas a los políticos y gobernantes, y luego, cuando se nos haya pasado y olvidemos, ya sea porque ganó la Selección o porque llegó el final de la telenovela de moda, nos sentiremos bien de ser mexicanos, nos resignaremos a que tenemos el gobierno que merecemos y acudiremos puntuales a pagar nuestros impuestos, no vaya a hacer que nos agarre Hacienda”. ¿Tendrá razón la bruja?
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