Increíble que quien más alegrías les dio, es el mismo que hoy les esta robando todo. La mano de Dios se ha convertido ahora en “la mano del Diablo”
Sé que se ha escuchado mucho sobre las declaraciones de Diego Armando Maradona.
Que triste ver que hoy no se hable de Argentina como en otros tiempos: de sus figuras, de su dominio en la cancha, de su contundencia, de su buen futbol.
Hoy, algo que en otros tiempos era digno de un pequeño encabezado en los titulares del mundo diciendo “Argentina calificó al Mundial”, es noticia de primera plana: “Maradona ha dicho…” (palabras que no me atrevo a repetir, pero que confío en que todos han escuchado) después de que Argentina, con muchos apuros, lograra calificar.
Y que conste que ser noticia de primera plana mundial puede ser halagador en muchos aspectos, ¿pero creen que es la imagen que Argentina quiere dar al mundo? No se ve que quieran hacer cambios y así están a años luz de enderezar el camino. Con asombro he visto cómo una parte de la prensa argentina, (directamente agredida), es quien lo disculpa y minimiza sus palabras.
Es increíble que siendo Argentina cuna de grandes técnicos como Carlos Bianchi (nombrado en tres ocasiones mejor entrenador de clubes del Mundo); Alfio Basile, que por mucho menos de lo que ha hecho Maradona perdió el puesto, o bien grandes estrategas que fueron campeones del Mundo, como César Luis Menotti en Argentina 78 o Carlos Salvador Bilardo en México 86 —técnicos que trabajan con disciplina en todo el sentido de la palabra, con un orden táctico y técnico—; hoy en día le den la responsabilidad de su selección a un hombre que ha demostrado que sólo supo vivir de su gran talento y de sus enormes cualidades como jugador, pero que jamás ha sido ni siquiera un ejemplo ni de vida intachable, coherente y respetable, así que ¿cómo esperar que les logre transmitir esto a un grupo de grandes figuras?
El señor habrá sido como jugador, sin discusión, uno de los más grandes del futbol en la historia, pero como técnico no ha demostrado nada todavía, sólo ser un prepotente, impulsivo, incapaz de reconocer errores y sin tener un gramo de humildad.
¿De qué se queja? De que cuando su equipo jugó mal la prensa dijera que jugó mal, de que cuando cometió errores en su planteamiento o al hacer cambios, se dijera que lo hizo mal, de que existía una gran inquietud de que pudiera calificar, cuando realmente existía esa preocupación. No sé en qué mundo viva Maradona, pero seguramente no en el nuestro.
Como era de esperarse, vino la reacción de la FIFA. El comité disciplinario ya plantea el castigo, que aunque no ha sido oficial, sería el equivalente a cinco partidos de suspensión y 20 mil euros. Una sanción que a mi manera de ver, se queda corto ante la gravedad del hecho.
El problema real y triste es que lejos de sus explicaciones, enojos y aspavientos, hoy en día Argentina, aún contando con una gran plantilla, no juega a nada.
Se ven tibios, sin personalidad, desorganizados, con miedo y sobre todo, ninguno de ellos esta disfrutando el formar parte de su selección. Es triste ver cómo esta generación, que podría ser histórica y llenarnos de magia en Sudáfrica, pueda perderse y pasar con mas pena que gloria. Increíble que quien más alegrías les dio, es el mismo que hoy les está robando todo. Como inicié mi columna, la mano de Dios se convirtió en la mano del Diablo.
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