Junto a las mentadas y la ira de muchos capitalinos que serán afectados y bloqueados en sus actividades cotidianas, muchos ojos estarán puestos en la marcha de hoy del Sindicato Mexicano de Electricistas. En su movilización de este jueves, los electricistas que demandan revertir la decisión presidencial de extinguir la ineficiente Compañía de Luz y Fuerza del Centro se juegan la supervivencia de su movimiento de protesta que, si no prende hoy, se va a fundir. Para decirlo claro, pajarracos: si el SME, con todo y sus organizaciones que lo apoyan y el respaldo del movimiento de Andrés Manuel López Obrador, no logra hoy dar una muestra impresionante de fuerza, se verá reducido a una protesta testimonial, a un movimiento radical que se quedará en la “resistencia”, pero que difícilmente podrá revertir la extinción de su fuente de trabajo ni por la vía legal, ni por la de la presión callejera. Caso contrario, si hoy los electricistas y sus apoyadores consiguen una amplia convocatoria, si sacan a las calles una cifra de personas que demuestre gran fuerza y simpatía y solidaridad de otras organizaciones sindicales y sociales, estaremos ante el inicio de un conflicto prolongado que complicaría y pondría en tela de juicio la decisión de Calderón de tomar por la fuerza y desaparecer a la extinta paraestatal. Los más optimistas entre los del SME hablan de una convocatoria superior a las 200 mil personas; otros dicen que si logran reunir 150 mil están del otro lado. En el gobierno no sólo están atentos al tamaño de la marcha, sino que han desplegado, desde la Secretaría de Seguridad Pública federal, Gobernación , Presidencia y el Cisen, todo un sistema de monitoreo, grabación en video y seguimiento del desarrollo de la marcha. Así que hoy se definen, en una movilización, muchas cosas. El SME tendrá que poner toda su carne en el asador si quiere tener alguna oportunidad por la vía de la presión, porque por la vía legal ha quedado claro, después del revés que tuvo su propuesta de una controversia constitucional llevada por el PT a la tribuna de la Cámara de Diputados, que no tienen ninguna posibilidad de llegar a la Suprema Corte con su reclamo. Por la vía del amparo, aunque podrían lograr algo, los abogados del gobierno han armado ya una defensa legal y un blindaje al decreto presidencial que difícilmente sería revertida aún con amparos masivos de los electricistas; además de que una estrategia de ese tipo, parecida a la que siguieron los burócratas inconformes con la nueva Ley del ISSSTE llevaría mucho tiempo, tal vez años, y alargaría un movimiento que además de desgastante puede resultar excesivamente costoso. Por eso les repito, pajaritos, hay que estar muy pendientes de la marcha de hoy. De entrada, les recomiendo que después de mediodía ni se acerquen a la zona de Paseo de la Reforma, Polanco, Constituyentes o Parque Lira. Es previsible que toda la circulación se verá afectada y también que mañana volverá a quedar claro que, en medio de este conflicto político-laboral, ya se asoma de nuevo la polarización política que vive el país desde las elecciones del 2006: de un lado la policía capitalina, a cargo de Marcelo Ebrard, apoyando y casi alentando la marcha del SME y los lopezobradoristas, a los que van a cuidar los policías que todos pagamos con nuestros impuestos; y del otro lado el gobierno federal, siguiendo con lupa la movilización, y apostando primero a una escasa convocatoria y segundo a cualquier hecho de violencia o descontrol que pueda presentar al de los electricistas como un movimiento violento. Así que ya lo saben, pajarracos, si saben marchar, ¡no marchen! Porque estos señores del SME, los mismos que durante décadas nos trataron con la punta del pie como usuarios de la compañía para la que laboraban, los mismos que hoy quieren que los veamos como víctimas del autoritarismo presidencial y que sintamos simpatía, casi lástima por ellos, hoy van a marchar. Y en esa marcha se juegan todo. |