En estos días de premios, medallas y reconocimientos resulta conveniente preparar las iniciativas de ley del presidente Calderón (o del PRI) para inscribir con letras de oro (blanco) los nombres de Carlos Hank González y Raúl Salinas Lozano en los muros del Congreso; y los decretos para trasladar a la Rotonda de las Personas Ilustres los cuerpos de Fernando Gutiérrez Barrios, Carlos Salinas Lozano (por décadas dueño de la “frontera chica” tamaulipeca) y del más conspicuo de los directores de Aduanas en los tiempos modernos: Enrique Guinea. Casi por unanimidad el Senado decidió entregar post mortem la medalla Belisario Domínguez al ex secretario de Hacienda Antonio Ortiz Mena. Entonces —por estricta lógica y congruencia— se debe rendir homenaje a esos otros dos magistrales funcionarios republicanos y a sus tres operadores favoritos. Así la patria (o la matria) habrá reconocido a los fundadores del Estado mexicano moderno: el narcoestado. En términos simbólicos, la entrega de esa medalla representa la aplastante derrota del presidente Calderón —hasta en los terrenos de la ética política— en su moribunda “guerra contra el crimen organizado”. ¿El gran triunfador? Nada menos que el poderoso senador priísta Manlio Fabio Beltrones. Exacto: el ex secretario particular de Gutiérrez Barrios ahora promotor de la figura de jefe de gabinete y de la validación del Congreso a los secretarios del ramo, y otras reformas políticas. Por supuesto, lo anterior no significa detener el accionar policiaco y de seguridad pública contra las organizaciones criminales transnacionales. Por el contrario, aquellas vinculadas con secuestros, tráfico de personas, extorsiones y otros delitos graves contra la comunidad serán más presionadas por los esfuerzos de los tres niveles de gobierno. Pero en relación con el combate al narcotráfico la estrategia gubernamental se centrará en dos propuestas: la Iniciativa Mérida y una política de contención. Algo así como “zapatero a tus zapatos”; si ya eres criminal, no procures más líos de los que pudieras manejar. Realpolitik, pura realpolitik. Lo otro (el Ejército y la Marina o la Policía Federal buscando al azar el encuentro y el choque con las caravanas de narcos) comenzará a desvanecerse. O al menos ya no será la única o preferida política del gobierno federal frente a los cárteles. La política de Obama de mayor compromiso con el sur y la aparición de cuerpos de “vengadores” privados permitió (y obligó) al gobierno federal a establecer nuevas opciones de acción. Los “vengadores” nos anuncian la proliferación de lo ocurrido en Ciudad Juárez, donde por años se ha establecido una tierra de nadie. Ello es totalmente inaceptable, hasta para el gobierno. Pero esto, con todo lo que implica, es apenas lo coherente y cotidiano del quehacer gubernamental. Lo otro, la mal llamada guerra, eran fanfarrias y oropel con un altísimo costo en vidas humanas —incluyendo a inocentes— y un deterioro grave de las garantías individuales y de la propia civilidad. Y por eso ya se agotó y no hay más oropel y fanfarrias de mala fabricación; cuando además, en algunos de los casos más célebres (“coopelas o cuello”, por ejemplo), el gobierno está entrampado gracias a sus acciones y artilugios, como fue evidente desde el principio. Y cuando aparecen tácticas de los criminales cercanas a una narcoinsurrección, como en ciudades del noreste. En esta perspectiva, la cachetada con guante blanco a los dos gobiernos federales panistas (recordemos: Fox rindió homenaje a la “gran madrina” de todos los tiempos, y así envió una señal esperada por muchos) lleva puño de acero. Pues si no fuera suficiente, se entrega la medalla al “tío Antonio”, el tío más respetado y querido por los hermanos Salinas de Gortari. De esta forma pareciera que los gobiernos de Zedillo, Fox y Calderón son simples accidentes. Interrupciones casi aberrantes de un gran ciclo histórico iniciado por Calles, desarrollado por Cárdenas y modernizado por la “familia feliz” en los tiempos del salinato. Y lo que vendrá después de julio de 2012. Por fortuna el mundo del consumo de las drogas está cambiando en Estados Unidos. La producción local de la mejor mariguana del mundo arrebata grandes porciones del mercado. Y las drogas de laboratorio se hacen cada vez más comunes. Malas noticias para los exportadores y corredores mexicanos. |