Si bajan los ingresos petroleros, y no podemos incurrir en un mayor déficit, lo que queda es bajar el gasto o incrementar los impuestos.Más allá de las creencias populares acerca de lo que se puede hacer con el gasto del gobierno, en la semana anterior le mostraba que el único espacio real de ahorro sería la reducción significativa de personal en las empresas paraestatales, lo que implica un enfrentamiento con los sindicatos de esas empresas que no creo que pueda llevarse a cabo en este mes. Y en este mes hay que tener resuelto el tema de los impuestos, de forma que no queda ninguna otra opción que elevar impuestos. Podríamos seguir discutiendo eternamente acerca del asunto, pero hay que resolver en dos semanas, y por eso más vale entrar en materia. El gobierno ha propuesto un incremento en el impuesto sobre la renta de 28% a 30% en su tasa máxima y un incremento proporcional en la curva; una contribución para la lucha contra la pobreza de 2% en todas las compraventas, e impuestos especiales más altos para cerveza, alcohol y tabaco, así como uno nuevo (revivido) de 4% para las telecomunicaciones. Como siempre, nadie quiere pagar, y eso ya también lo hemos comentado. Pero hemos visto que no hay salida al asunto, así que hay que decidir. El impuesto a telecomunicaciones, dicen las empresas del sector, inhibirá la inversión, la creatividad y no sé cuantas cosas más. Es muy posible, pero hay que cobrarlo. Y hay que cobrarlo porque las empresas de telecomunicaciones utilizan un bien nacional, el espectro radioeléctrico, que compraron barato y venden caro. Si ahora nos van a decir que el precio de los servicios de telecomunicaciones es elevado por los impuestos, pues habrá que acusarlos de caraduras. México tiene servicios de telecomunicaciones muy caros y no muy buenos en este momento, y no hay impuestos de por medio. Ni competencia suficiente, que es la razón de esos servicios caros y no muy buenos. En suma, no veo ninguna razón para no cobrar este impuesto. Más aún, sigo sin entender por qué el gobierno no ha propuesto ya una reforma a telecomunicaciones abriendo el sector en todo lo posible, a nacionales y extranjeros, de forma que efectivamente tengamos servicios buenos y baratos. Y cobrándoles bien los derechos por el espectro, que es de la Nación. Acerca del impuesto especial a alcohol, cerveza y tabaco, no creo tampoco que tengan mucha defensa las empresas. También nos dicen que son fundamentales para el desarrollo nacional y que generan muchos empleos. Es cierto. Pero son bienes con una demanda muy inelástica, como dicen los economistas, de forma que si el precio sube, la demanda no cae mucho. Por eso tienen impuesto especial. Coincide con que son bienes cuyo abuso es dañino para la salud (por eso tienen demanda inelástica, eso no les pasa a los espárragos), y por eso les es más difícil defenderse. Así que también habrá que cobrarles. Pasamos ahora al Impuesto sobre la Renta (ISR), cuya tasa máxima pasaría de 28% a 30%. No es una tasa elevada, según los datos de la OCDE. Canadá tenía 29% máximo en 2008, España 27%, y Suiza 17%. Todos los demás estaban por encima del 30% el año pasado, y me imagino que estarán peor para el 2010. Muchos, de hecho, tienen una tasa muy elevada en ISR para personas con ingresos muy elevados, algo que podríamos explorar en México. Tal vez podríamos imponer una tasa de 35% o 40% para personas con ingresos superiores a los 6 millones de pesos al año (cosa de medio millón de dólares). Así que tampoco veo nada de discusión en este impuesto. Y pasamos a la contribución contra la pobreza, que es de 2% en todos los bienes. Nuevamente, no encuentro alguna razón para que este impuesto (contribución) sea aprobado. Dicen que no podríamos cobrar esto a quienes ganan muy poco porque es injusto, pero yo insisto que eso es paternalismo barato. ¿por qué queremos excluirlos del esfuerzo conjunto de los mexicanos? Un cobro de 2% es un cobro menor, muy menor, que no tiene mayor impacto en los gastos de una persona, por muy pobre que sea, pero sí produce una cantidad importante de recursos que pueden ser utilizados precisamente para complementar el ingreso de esas personas pobres. El espantajo de que no se puede cobrar IVA en alimentos y medicinas lo único que produce es una pérdida de recaudación de 100 mil millones de pesos al año, sin beneficiar, en los hechos, a los más pobres del país. A ellos los beneficiaría mucho más un sistema educativo de calidad, o un seguro popular más amplio, que seguirles vendiendo jitomates sin IVA. Es sorprendente que la izquierda mexicana sea el mayor defensor de este esperpento, cuando en todo el mundo la izquierda lo que propone es elevar impuestos para tener dinero con el cual ayudar a los más desprotegidos. Si esta contribución de 2% sufriera el mismo trato del IVA, es decir, si se excluyera de su pago a alimentos, medicinas, impresos, servicios educativos y de salud, entonces podríamos estar seguros de que México ha elegido el camino del estado fallido. No porque la recaudación de este impuesto signifique mucho dinero, sino porque podremos estar seguros de que no vamos a corregir el IVA durante el resto de la actual Legislatura, es decir, al menos hasta 2012. Para entonces, El boquete fiscal ya no será de 300 mil millones, como lo es hoy, sino de 600 mil. Ya no podremos cubrirlo con los demás impuestos, de forma que estaremos ya en una espiral inflacionaria. Esto, por cierto, no nada más importa a los mexicanos. Importa a todos los que, de una u otra forma, arriesgan con México. Por eso las empresas calificadoras tomarán decisiones con base en lo que los diputados hayan decidido. Y por eso, en muy pocos días, sabremos si en el futuro cercano nuestra competencia es con Brasil, por la quinta economía mundial, o con algunas naciones centroamericanas, rumbo a la desaparición del Estado. Es más grave de lo que creen. |