El ocupante de la Casa Blanca se enfrenta a un momento difícil en lo externo y en lo interno. De hecho, la situación se presenta como una oculta crisis de gobierno, más allá de los gritos destemplados de la ultraderecha. En primer lugar, como estaba previsto desde el principio: Afganistán. Por supuesto, hay una relación inmediata y directa con la situación en Paquistán e Irán. Mucho más ahora cuando se revela la existencia de otra factoría nuclear iraní, aun sin capacidad de producir armas. En Afganistán, Barack Obama recibe como herencia envenenada la relación del Washington de Bush con los señores de la guerra y los narcotraficantes, descrita con maestría profesional en 2005 por Khaty Gannon en el libro I Is For Infidel. Ahora hay que cambiar la estrategia, sobre la evidente base de la necesidad de llevar más tropas al muy difícil terreno del combate militar. Cuando se tiene que tratar con un gobierno inepto, corrupto y desprestigiado como el de Karzai. Como Afganistán es hoy en términos prácticos el centro del nudo estratégico en toda la región —incluyendo los serios problemas de la relación Irán-Israel y los de Tel Aviv con los palestinos—, las propuestas, acciones y resultados para el largo plazo en ese país definirán los grandes logros o la ausencia de ellos de la política exterior del presidente de EU. Más todavía cuando Washington busca la acción multilateral y se abstiene en lo posible de medidas unilaterales. Afganistán, como Irán e Israel, dice en forma implícita Obama, son también un asunto europeo. Y tiene razón. Como el affaire Corea del Norte es una cuestión compartida con Corea del Sur, China, Rusia y Japón. En estas circunstancias los problemas con México tienen un nivel de, a lo más, de seguridad doméstica. Janet Napolitano, el procurador Eric Holder y Arturo Valenzuela son las cabezas para llevar adelante —con el apoyo del embajador en la ciudad de México— las relaciones concentradas ahora en la Iniciativa Mérida. No habrá mucho más por algún tiempo y casi todo se procurará en el llevar adelante la citada iniciativa. Hasta que se logre o no la reforma al sistema de salud, con opción pública o sin ella, y comience la batalla en el Capitolio por la reforma al sistema migratorio. Y vaya si están relacionados los asuntos: el representante Joe Wilson, ya reconvenido, llamó al presidente “mentiroso” cuando éste afirmaba, en sesión solemne de legisladores, que la reforma al sistema de salud no incluía como beneficiarios a los inmigrantes sin documentos. Para desgracia de los inmigrantes, Obama no mentía. Si ellos quieren alguna forma de seguridad social deberán pagar por ella a firmas privadas. No están incluidos en la actual propuesta de reforma. En esta perspectiva el nuevo procurador general de la República, Arturo Chávez Chávez, tendrá que realizar su máximo esfuerzo para presentar resultados en breve plazo. No sólo frente al presidente Felipe Calderón o los ciudadanos mexicanos; hay quienes en Washington esperan que los mecanismos de ayuda en efecto sean aportes significativos para superar la crisis de violencia en ambos lados de la frontera; particularmente en ciudades como Ciudad Juárez y Reynosa o Tucson y Dallas. Pero (es la fuerza del destino) estas no son buenas noticias para el amable policía del presidente Calderón, el señor Genaro García Luna. Aparte: si los diputados del PRD tienen en verdad pruebas y no sólo exclamaciones o insultos, bien podrían comenzar su trabajo dirigido hacia un juicio de procedencia. De otra manera quedan como malos actores de una pésima tragicomedia. No son buenas noticias para García Luna porque el procurador Chávez agrega, quiera o no, responsabilidades internacionales al operar en el marco de la Iniciativa Mérida. Algo que otro personaje de la comedia de la justicia a la mexicana (Medina Mora) ni siquiera pretendió entender en su momento. Bastaba con una mirada fiera de García Luna —como las exhibidas en su comparecencia con los diputados— para que el buen Medina Mora se paralizara. O, mejor, temblara. De esta forma queda claro como el agua que, por un tiempo, en los dilemas de la Casa Blanca no está incluida en forma prioritaria la relación con el gobierno mexicano. El embajador mexicano en Washington y el procurador Chávez, al igual que el presidente Calderón, saben que esto es circunstancial. Ya vendrá nuestro tiempo. |