Los gobernadores tienen la mayor cuota de poder en la historia contemporáneaA nueve años del 2000, el Presidente y su partido luchan por sobrevivir El poder que sí puede se traslada, al parecer sin remedio, a los gobernadores. Los resultados electorales de julio en los 300 distritos territoriales muestran a los ejecutivos estatales con grupos de diputados federales bajo su dominio o, al menos, bajo su influencia directa. Y si sumamos el control de las legislaturas locales, la compra de las burocracias de partidos “de oposición” y su influencia en los medios de comunicación, entonces podemos concluir: los gobernadores han adquirido la mayor cuota de poder político en la historia contemporánea de México. El PRI apostó a la estructura territorial y, está visto, ganó como nunca. Pero: ¿esto se debe a la existencia de un Poder Ejecutivo federal “débil” en la forma constitucional? ¿A la incapacidad operativa de los equipos de gobernantes surgidos de los partidos antes de oposición y hoy en posiciones de gobierno en los tres niveles? ¿O a entender desde el gobierno la transición sólo como alternancia? Veamos el caso más obvio: nueve años de gobierno federal de los panistas encabezados por Vicente Fox y Felipe Calderón. Fox llegó a la Presidencia de la República con enorme legitimidad, con el sector exportador funcionando, sin deudas excesivas. Y con altas cuotas de exportación petrolera, las cuales fueron bendecidas con precios extraordinarios. Apenas seis años después, Calderón tuvo que realizar un esfuerzo extraordinario para obtener un resultado electoral con un pequeño porcentaje superior a su más próximo rival. La nación entregó a los panistas, en forma casi increíble, una segunda oportunidad. Y ahora, unos nueve años después de la toma de posesión de Fox, el presidente Calderón y su partido luchan por sobrevivir. Arrasados en lo territorial y copados en lo federal. ¿Cuáles son las razones para que ello ocurriera? ¿La arquitectura constitucional: la Presidencia débil? ¿Los hombres, sus políticas y equipos? ¿La carencia de una cultura de gobierno en el conjunto de la oposición al priísmo? ¿Las limitaciones de la clase política en su conjunto en un momento histórico muy complicado? O, un mal chiste, la paciencia y la astucia de los viejos cuadros priístas, quienes esperaron el retorno de su particular tiempo. Cuando entendían bien que “la oposición de izquierda” no era en forma alguna una ruptura de su cultura política, sino su caricatura (y aquí es imposible olvidar el actual fenómeno Juanito). Las políticas generales de estos hombres —Fox y Calderón— se pensaron no en función de una transición modernizadora y responsable, sino con la alternancia como paradigma. Suficiente con la llegada de nuevos hombres y políticas para administrar gobierno y recuperar el brillo de las instituciones. Peor, mucho peor. Estos hombres procuraron de una y mil formas aislarse; y cuando aceptaron alianzas, las construyeron con los antiguos y podridos grupos de presión del régimen. Las relaciones entre el Presidente y su equipo con los dirigentes sindicales son quizás el mejor ejemplo de ello. Otra alianza principal del Presidente y sus equipos se logró… con los gobernadores. Como es obvio, en esto no hago diferencia entre Fox y Calderón. Donde pueden diferenciarse es que a Calderón se le agotó la cuenta petrolera. La puerta de salida se cerró, con o sin Obama. Y la cuenta de remesas disminuye, como el turismo. Y también el agua disponible. Y el número de diputados federales panistas no alcanza para vetar en el Congreso un presupuesto acordado por otras fuerzas. Y los gobernadores son cada día más poderosos en sus feudos. Y a eso no puede llamarse “federalismo”. En el país se está construyendo una amenaza real hasta para su integridad: las tensiones entre el norte y el sur no son acotadas o resueltas por el centro. Conste. Si este contexto es realista: ¿cuáles pueden ser las perspectivas de Felipe Calderón? Una es acomodarse con alguna recuperación y con el PRI, el Panal y acompañantes; y alcanzar julio de 2012 sin explosiones brutales o generales —ya sabemos que a nivel local pueden ocurrir, pero así son todavía controlables—. Otra puede ser explicarle a la nación lo que está ocurriendo y buscar liderazgo; no para intentar arreglar lo que el corto plazo o las difíciles circunstancias impiden resolver. Más modesto: para dejar claras las opciones y prevenir los enormes nuevos retos, los cuales se están materializando ante nuestros ojos. |