En un informe drástico sobre el comportamiento de nuestro país, el Instituto Mexicano para la Competitividad (Imco) informó que en los últimos tres años México cayó al lugar 32 entre 48 países evaluados, regresando a los niveles observados en 2004. Estos resultados son el producto de un deterioro significativo en la estabilidad y confiabilidad del sistema político, y de la economía del paísSegún el Imco, México se encuentra por debajo del promedio mundial en ocho de los 10 factores que evalúan la competitividad internacional: sistema de derecho confiable y objetivo, sistema político estable y funcional, gobierno eficiente y eficaz, manejo sustentable del medio ambiente, sociedad incluyente, preparada y sana, mercados de factores eficientes, sectores precursores de clase mundial, aprovechamiento de las relaciones internacionales y sectores económicos. Aunados a estos factores, el Instituto Mexicano para la Competitividad agregó que lo que más resta competitividad se relaciona con la rigidez en el mercado laboral, en la política energética, así como la baja productividad de los factores de la producción: mano de obra, tierra y capital. El grado de deterioro del país abarca casi todos los aspectos de la vida política y económica. El estancamiento de los procesos inconclusos de cambio estructural, tanto en lo político como en lo económico, está llevando al país a una posición de debilidad que no se había visto desde la crisis del 1995. A estos de por sí ya malos resultados se suman otra serie de variables que afectan negativamente los niveles ya deteriorados de competitividad de nuestro país. El Instituto Mexicano para la Competitividad (Imco) subraya el hecho de la poca capacidad del país para crear y atraer talento, debido a la baja calidad de la educación en todos los niveles. Pero el panorama se sigue complicando para el país. En un entorno de salvaje competencia por los recursos y por colocar los productos en los mercados internacionales, la lentitud y el tipo de recuperación económica que estamos enfrentando, donde el crecimiento económico se basa fundamentalmente en los incrementos de la competitividad, coloca a México en posiciones cada vez más desventajosas en relación a las demás naciones del orbe. Las alarmas están sonando en todos los ámbitos de a vida nacional, anunciando la posibilidad de seguir en un acelerado deterioro generalizado, sin que se vislumbre ni una estrategia ni un liderazgo que nos lleve a salir de la emergencia por la que pasamos. Lo que complica más la situación es que a consecuencia de la crisis financiera internacional, el consumo de las familias en Estados Unidos, en particular en automóviles y electrodomésticos, tardarán muchos años en recuperarse, afectando a las exportaciones y a la industria manufacturera mexicana. En la transición política, no sólo no hemos mejorado los resultados, sino que se ha perdido un gran activo que teníamos como país, la estabilidad política que habíamos gozado durante décadas. Los enormes retos que enfrentamos los mexicanos demandan una generación de ciudadanos con la visión, el carácter y la valentía de realizar los cambios necesarios para evitar que el país se siga deshaciendo frente a los ojos de todos, sin que seamos capaces de defenderlo para que vivan nuestros hijos. La cita con la historia de esta generación ya está aquí, si no es ahora, ¿será mañana? O claudicaremos, condenando al país a ser subdesarrollado, empobrecido y de ancianos. |