La piel del mexicano es ya muy sensible. Tantos golpes, tantos rasguños y heridas la han dejado maltrecha. La incapacidad de las autoridades (de los tres órdenes de gobierno) de brindar un mínimo de seguridad colocan la epidermis colectiva en un estado de alta vulnerabilidad, y hoy sangra de nuevo. El secuestro y asesinato de una empresaria sinaloense, en condiciones que lastiman a la sociedad en su conjunto, representa sólo una llaga más. El jefe de Gobierno del DF, Marcelo Ebrard, afirma que en el fallido operativo de rescate no hubo errores y mucho menos negligencia, que fue, eso sí, un golpe para el gobierno del DF, para la Procuraduría y para los familiares de la víctima; que los agentes hicieron bien su trabajo, tal como lo marcan los estatutos. Sin embargo, en su tramado fino y profundo, el caso revela que poco o nada se ha avanzado en seguridad pública. Los secuestros, homicidios, ejecuciones y asaltos siguen siendo el pan nuestro de cada día, y el vaso de la impaciencia, frustración y coraje, no sólo de los empresarios, sino de todos los grupos sociales que son —en forma directa o indirecta— víctimas del actual orden de las cosas, está a punto de derramarse. Honor a quien honor merece: a José Antonio Moreno Sánchez, subdirector de Antisecuestros, y Julio Rincón Juárez, comandante del Grupo de Reacción e Intervención, quienes fallecieron en cumplimiento de su deber, pero también la enésima llamada de atención a quienes por mandato de ley están obligados a brindar seguridad. Hay que recordar la frase: “Si no pueden, renuncien”. Como no hay plazo que no se cumpla, por fin hablarán las urnas. Hoy se renueva el Congreso, seis gubernaturas y tres congresos locales. Lo único que vale la pena rescatar es que, con independencia de los resultados, termina un proceso electoral de bostezo y sin mayor propósito que el cambio de nombres, salvo esa nota preocupante que aportó el movimiento a favor de expresiones alternas que logró impactar en el ánimo de los gobernantes. En estos menesteres cualquier avance es digno de fiesta. Por cierto, y sólo para la anécdota. El padrón electoral está lleno de datos curiosos. Resulta que hay al menos 2 mil 853 “Juan Hernández Hernández”. Pero eso no es todo. El Registro Federal Electoral cuenta con nombres poco comunes: “Audeliano Superman, John Lenno, Exsuperancio, Einstein Galileo, Alain Einstein Hussein, Satanacio, Chaplin Tachiro, entre otros. Además, hay 535 mil ciudadanos que no tienen registrado el apellido paterno y 449 mil 920 el materno. Esto habla de la pluralidad y de la imaginación de los mexicanos. Apunte final: ¿Y la lista de quienes operan las guarderías subrogadas del IMSS? Van 30 días desde la tragedia en Hermosillo, Sonora, y nada. |