El domingo habrá elecciones federales y ocurrirán en medio de circunstancias que, al conjugarse, conforman un contexto sin precedente que incidirá, sin duda, en el resultado. Las enumero: 1. La aplastante crisis económica, tan o más grave que aquella que desencadenó el “error de diciembre” de 1994, que en lo que va del gobierno de Felipe Calderón aumentó el desempleo de 1.6 a 2.3 millones de personas, devaluó el peso 35% y tiró las exportaciones 40%, las remesas 20%, los ingresos petroleros 60% y la recaudación de impuestos 40%, según datos del INEGI y el Banco de México. Crisis que según nos insisten vino de fuera pero que nadie puede negar que fue mal pronosticada y peor manejada. 2. La epidemia de una nueva cepa de influenza que primero se ocultó por cálculos políticos internacionales (la visita de Barack Obama), después se sobredimensionó con medidas que paralizaron una economía en plena recesión y finalmente se usó para atemorizar a la gente y experimentar, en tiempo real, el uso del miedo como instrumento de control social. 3. La crisis de inseguridad que cotidianamente se manifiesta con secuestros, asaltos a plena luz del día y en cualquier lugar, ajustes de cuentas y decapitaciones entre bandas del crimen organizado, que no cesan y ponen en entredicho la capacidad del Estado para garantizar la seguridad de vidas y bienes, además de atizar la estrategia del miedo. 4. La guerra contra el narcotráfico que ha golpeado a varios cárteles, sin que haya tocado a los más poderosos, que ha dejado por todo el país un reguero de muertos (estimados en 12 mil) e involucrado al Ejército en una tarea que constitucionalmente no le corresponde, lo que ha hecho crecer el descontento entre mandos militares. La estrategia por la que optaron los propagandistas de Los Pinos para enfrentar tal estado de cosas y una eventual debacle político-electoral hizo del miedo su principal herramienta: — El miedo a que “iluminados y locos” nos condenen al hambre y a la miseria si es que se les permite cambiar un modelo económico que no ha generado crecimiento y que hoy está en crisis pero que —nos han lavado el cerebro— es el bueno por conocido. De ahí que se aproveche el comprensible hartazgo de la política y lo político, para promover el voto nulo que, en efecto, señalará el descrédito del aparato público, pero que en términos prácticos favorecerá que continúe el actual estado de cosas. Ese voto nulo y el abstencionismo podrían alcanzar, en el escenario más pesimista, 70% del total del padrón electoral. Es previsible, entre tanto, que el partido que más asientos gane en la Cámara de Diputados obtenga 30% de la votación. Todo lo anterior significa entonces que la participación ciudadana será de 30%, es decir, de cien potenciales electores votarán 30 y de esos 30 una tercera parte será la que elija al partido que gane la mayoría. Dicho de otra manera, nueve de cada cien potenciales electores definirán la próxima mayoría legislativa. Esa será la medida de su legitimidad. — El miedo al regreso de un pasado antidemocrático y corrupto que la propaganda del gobierno y su partido asoció con viejos y nuevos políticos del PRI por medio de suposiciones —no remotas por cierto— de vínculos con el narcotráfico, nexos que también atribuyen a otros opositores políticos, incluso a los de la fracción más colaboracionista del PRD. De ahí los recientes golpes a la narcopolítica en los gobiernos de Michoacán (PRD) y Nuevo León (PRI), como si los poderosos del PAN no sostuvieran relaciones peligrosas con el crimen organizado (no olvide usted las confesiones grabadas del regiomontano Mauricio Fernández) o como si fueran ellos los apóstoles de la democracia cuando, en realidad, su primer gobierno federal fue el que enterró el proceso de transición política con la manipulación de las pasadas elecciones presidenciales. — Y el miedo al caos si no respetamos el andamiaje institucional, sobre todo el creado para dar certeza a los procesos electorales, pero que hoy está gravemente en entredicho con un IFE equívoco y débil, y un Tribunal Electoral que se ha mostrado dispuesto a limpiar marrullerías. Así arribamos a las elecciones del domingo. |