Por cierto, nos encontramos a Marie-Jo, viuda de Octavio Paz, disfrutando una refrescante copa de vino blanco, una amena charla y el sol de esa tarde.
Para renovarse, ante la crisis y la influenza, el restaurante acaba de incluir un menú ejecutivo integrado por sopa, ensalada, plato fuerte, postre y una copa de vino por 275 pesos. Un precio accesible, si tomamos en cuenta la excelente calidad de su materia prima.
Nos decantamos por el menú, que incluía sopa de lentejas con tropiezos de plátano macho, jamón serrano y chorizo; un plato de confección casera, nada grasoso y muy bien logrado, que armonizamos con el vino blanco argentino –de Mendoza–, Cinco Sentidos, de uva Chardonnay, muy sabroso.
Otra sopa que probamos, siguiendo esa costumbre de compartir, fue de poro y papa –muy bien sazonada–, además de la de jitomate rostizado, que en verdad disfrutó Sonia.
Continuamos con una ensalada de lechuga, pepino y jitomate, aliñada con aceite de oliva Las Doscientas, de origen chileno, que hace de esta refrescante entrada toda una experiencia.
Como plato fuerte se nos antojó un pescado empapelado, que recomiendo ampliamente: suave carne blanca sazonada con aceite de oliva, cebolla, jitomate, y cilantro. Cocinada al término correcto –evitando así la deshidratación de la carne–, se acompaña con un arroz blanco que le va perfecto.
Continuamos con unos medallones de filete de res en salsa de pimienta y papas fritas, exquisitas, elaboradas en aceite de oliva, ajo y espolvoreadas con sal de grano, las cuales deberían ser para los pequeños, quienes acostumbrados a las papas de bolsa que venden en cualquier parte tendrían oportunidad de sentir la diferencia y decidir con cuáles papas se quedan.
Como postre, llegaron a la mesa unas peras caramelizadas con semillas de anís, de elaboración sencilla y sabor exquisito, un excelente cierra para quienes viven preocupados por mantener la línea. Siguiendo los preceptos de Slow Food, estoy convencida de que los alimentos entre menos industrializados son más fáciles de digerir y menos engordadores.
Se nos antojó un ate con queso manchego, que pedimos al centro para terminar con un café expresso antes de regresar a concluir la jornada laboral.
Les recomiendo este restaurante ubicado en Oscar Wilde en pleno corazón de Polanco. Enhorabuena para su chef y sus propietarios.
celia.marin@eluniversal.com.mx
|