No sé si a ustedes les pase, pajaritos, pero a mí cada día que pasa y se acerca la fecha de ir a votar para elegir diputados, alcaldes y algunos gobernadores, me ocurre que se me acumula el hartazgo y me cuesta mucho encontrar buenas razones para acudir a las urnas.Si decido votar por “el menos peor” como única opción en una oferta política decepcionante y triste, temo hacerlo sin ninguna convicción y regalar mi voto a alguien que no merezca la pena; y si decidiera anular mi voto, como aconsejan muchos, temo que al final el cinismo de la clase política se imponga e ignoren olímpicamente a quienes quieren gritar su rechazo y cansancio con un voto en blanco o anulado. Algo muy parecido a esa lamentable apatía y desesperanza con las elecciones me sucede con el futbol y concretamente con la Selección mexicana. Por más que he intentado, pajaritos, yo que nunca fui fanático futbolero, pero que sí llegué a sentir en algunos momentos orgullo de la publicitada camiseta verde, no logro contagiarme de algo más que pena y decepción cuando veo jugar a la llamada oncena nacional. Es tanto mi antipatrioterismo futbolero y mis decepciones acumuladas, que el otro día me sorprendí apoyando la propuesta de un viejo amigo duende que decía muy molesto: “¡Bahh, México se merece no calificar al mundial por jugar tan mal y tan desapasionadamente. Ojalá no califiquen para que entiendan que no pueden jugar así y decepcionar a tanta gente!”. Lejos de sentir ganas de quemar en leña verde a mi apátrida amigo, la verdad es que me quedé callado y aunque no me atreví a sumarme a su sacrílego y perverso deseo, en el fondo, en silencio, compartí su razonamiento: ¿merecen ir al mundial jugadores de una selección que, a pesar de ganar grandes sueldos, la mayoría de ellos, y contar con todos los apoyos para desarrollar su labor, no tienen el coraje y la enjundia de sentir la camiseta que portan y lo que representan para muchos pobres mexicanos ávidos de esperanza? Me temo que no, que no hay manera de justificar la medianía y mediocridad con la que ha jugado a últimas fechas la Selección y su manifiesta incapacidad para asegurar rápidamente la calificación y mostrar con hechos, y no con puras palabras, que de verdad son el equipo más sólido de la Concacaf. Difícilmente me escucharán a mí, pajaritos, decir que espero que les gane Estados Unidos, nunca lo haría. Pero si vuelven a jugar como hasta ahora lo han hecho en la eliminatoria mundialista, con esa desvergüenza y desamor por lo que ellos representan para millones de personas atribuladas por los problemas económicos, la inseguridad y la incertidumbre con la que se vive en este país, entones sí, que me perdonen los patrioteros del futbol, creo que los gringos merecerían ganar e ir al mundial, donde seguro harán —a juzgar por sus recientes actuaciones donde se miden ya con potencias mundiales— un papel más digno y honroso del que podría hacer la devaluada Selección mexicana. Así que, como le dije a la Mafufa cuando me preguntaba insistente que por quién iba a votar y que si creía que México iría al mundial: “Para mí, brujita, que como dijo aquel famoso Porfirio Remigio, los dos, tanto los ineptos y ambiciosos partidos y sus candidatos, como los directivos y jugadores de la Selección nacional, son oje…” EL BAÚL DEL DUENDE… ¿Se enteraron, pajarracos, del golpe militar en Honduras? Lo primero fue lo sorpresivo de la asonada y lo segundo la condena unánime y generalizada de los países latinoamericanos, de Estados Unidos, Europa y de la OEA y la ONU. Queda claro, pajaritos, que el mundo no quiere más capítulos de terror, torturas y crímenes como los cometidos en las dictaduras militares del siglo pasado; pero también queda claro que quienes buscan preservar intereses económicos, las llamadas élites de cualquier país, son capaces de recurrir a todo, incluidos los golpes a la democracia de ser necesario, para mantener sus privilegios y el poder. Lo mismo en Honduras que en México, ¿o no, pajarracos?.. Me voy, pero ¡regresaré! Ja, ja, ja. |