Pocas mesas y una comunitaria, decorado con buen gusto, sencillo y excelente ambiente. La clientela, por lo que pudimos observar, son jóvenes en su mayoría, trabajadores de la zona, grupos de amigos y hasta familiares; todos atraídos por una cocina sencilla con sabor casero.
Ana Cristina, mejor conocida como ‘La China’, es la chef y propietaria, quien personalmente supervisa cada detalle, desde la calidad de los alimentos y el menú, hasta el servicio, que por cierto es amable, aunque a veces por la cantidad de comensales puede tener sus fallas.
La chef desde el inicio de este pequeño restaurante ha implementado un menú sencillo, eso sí, elaborado con productos de temporada y en su estilo muy particular, resultando platillos de calidad con un exquisita sazón, que pocos tienen. Dentro su oferta de platillos incluye lo mismo un consomé de pollo, que un curry reinterpretado con su sazón, que por cierto les recomiendo.
En esta ocasión, como siempre en compañía de Sonia y de Luis, pedimos para iniciar un cebiche estilo peruano y un plato de aceitunas negras con humus preparado y pan árabe tostado, las dos entradas resultaron extraordinarias para compartir. El cebiche elaborado con pescado blanco fresco y muy bien condimentado, no le pide nada a los de algunas cebicherías peruanas de la ciudad.
En la carta aparecen platos señalados con un asterisco, con ellos el comensal puede armar un menú de dos o tres tiempos, a un precio muy económico. Al fondo del local se encuentra la cocina abierta, que nos permite ver cómo trabajan y preparan los platillos.
Nuestro mesero nos sugirió los platos fuertes, y como es nuestra costumbre pedimos para compartir al centro, primero un lomo de huachinango con ajonjolí negro y chile de árbol, una brocheta de pollo con cous-cous y unos callos de hacha a la plancha.
El primero, un lomo fresco de huachinango, tierno, bien cocinado con una ligera costra de ajonjolí negro, que armonizaba estupendamente con el chile de árbol y que Luis disfrutó enormemente. A Sonia le encantó la brocheta de jugosa pechuga de pollo, pero sobre todo el cous-cous, estupendamente elaborado por ‘La China’, más considerando que es una preparación poco consumida en nuestro país.
Por último, callos a la plancha -que puede resultar una preparación sencilla- se transforma en una delicia si se elaboran, como en esta ocasión, con ingredientes de primera calidad, frescos, y con una excelente sazón que estaban como para "chuparse los dedos".
Debo confesarles que los platillos que compartimos regresaron a la cocina limpios, pudimos haber ordenado algo más; sin embargo, estamos tratando de conservar la línea, que últimamente se ha visto alterada por algunos excesos.
Para terminar, té para los tres, que nos sirvieron en una jarita blanca con tres tasas. Podríamos decir que lo único malo del restaurante es que no cuenta con licencia para vender vino, lo cual es una pena porque te quedas con las ganas de disfrutar una copa de tinto para maridar tus platillos, esperemos que ‘La China’ haga pronto sus gestiones, es una lástima que tan buena comida no se pueda disfrutar con un buen vino.
El restaurante está bien situado, tiene todo para ser uno de los favoritos de la zona, esperamos que la propietaria de OW9 siga al frente, pendiente de los detalles y sorprendiéndonos con sus creaciones gastronómicas. Pocos lugares como éste con una excelente relación precio-calidad se encuentran en el DF, sería una lástima que debido a la crisis económica y la influenza el ánimo, esfuerzo e inversión de una emprendedora joven-chef se viera truncado. Esperamos regresa y verla ahí.
celia.marin@eluniversal.com.mx
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