Resulta que tu príncipe azul no te seduce como esperabas. Y la princesa del cuento no se conforma con que la hayas rescatado de la soltería, además quiere que dejes de tomar, fumar y salir con tus amigos. Parece que las historias de hadas no te ayudan a encontrar tu tipo de pareja ideal y cumplir tus fantasías románticas.A veces nos dejamos llevar de más por los cuentos de hadas que nos hicieron soñar en la infancia y crecemos creyendo (a nivel inconsciente) que son viables, porque además son historias que se repiten en el cine, la tele y los libros de novela, donde nos presentan personajes muy parecidos a nosotros con vidas amorosas que deseamos y fantaseamos llegar a tener. Desde el principio Los cuentos de hadas son parte importante de la infancia de todo ser humano, y hasta cierto punto juegan un papel muy importante dentro de la ideología y formación moral e intelectual de los niños. Aportan mensajes fundamentales, tanto a nivel consciente como inconsciente, al hacer referencia a los problemas humanos universales. Lo que no pensamos mientras crecemos es que son obras plagadas de simbolismos que sirven para entender, a corta edad, que la lucha contra las dificultades de la vida es inevitable, y que si las enfrentamos se pueden llegar a dominar los obstáculos. Por el contrario, nos enfrascamos en buscar al príncipe que se rinda a nuestros pies (y eso significa que haga lo que queremos) y en conquistar princesas débiles e indefensas que adulen el ego. Amén de que esperamos que besos, abrazos y hasta las sesiones eróticas sean como en nuestra imaginación. De la ficción a la realidad Cuando pasamos por la adolescencia se despierta la curiosidad por descubrir la sexualidad con otra persona, pero —sobretodo las mujeres— basan sus referentes de los cuentos para desear el tipo de relación amorosa que quisieran tener; sin embargo, esto se vuelve parte de nuestras primeras fantasías eróticas que casi nunca salen como queremos. Idealizamos el escenario, a los actores y hasta las actitudes, pero igual que en los cuentos, la realidad nunca se apega a nuestro guión. En las historias de hadas el malo siempre pierde, y los personajes no son ambivalentes; es decir, no son buenos y malos al mismo tiempo, como somos todos en realidad. Así, los varones piensan que la mujer que cumpla sus fantasías no es “la princesa” con la que tendrá hijos, mientras que durante el sexo, algunas mujeres desean ver a un príncipe de verdad. |