Cuando pienso en el PRD, pajarracos, me vienen a la mente esas parejas de matrimonios destructivos que desde hace tiempo ya no se soportan, se lamentan y se la mientan a cada rato por seguir juntos, pero una extraña costumbre y un clarísimo interés monetario los mantiene juntos aunque se traicionen uno al otro, se repudien y hablen mal de cada cual, y se muevan cada uno con intereses que ya no son comunes. Ése es el caso de Andrés Manuel López Obrador y la corriente de Los Chuchos que encabeza el dirigente nacional del PRD, Jesús Ortega. Hace ya un buen rato que las diferencias entre el ex candidato presidencial y el grupo Nueva Izquierda se fueron ahondando tanto y se hicieron tan profundas, que en los hechos ya ni siquiera hay entre ellos comunicación, por supuesto no se respetan mutuamente, y hay una ruptura de facto sin que ninguno de los dos se atreva a dar el primer paso para hacer su rompimiento público y oficial. O díganme si no es eso lo que vemos en el enredado caso de la candidatura del PRD en Iztapalapa, pajaritos. Aunque no fueron directamente Los Chuchos los que operaron el golpe contra López Obrador, al cancelar el Tribunal Electoral federal la candidatura de su pupila Clara Brugada en Iztapalapa, y más bien esa fue una venganza directa de René Arce contra el lopezobradorismo que quería arrebatarle su coto de poder, lo cierto es que en la disputa por el principal bastión perredista a nivel nacional, volvió a hacer crisis la convivencia forzada que desde hace tiempo mantienen el tabasqueño y el grupo de Ortega. “¿Pero por qué si no se soportan, más bien ya se detestan, ninguno de los dos toma la iniciativa y anuncia la separación y el divorcio?”, me pregunta la chismosa de la Mafufa cuando ve lo que escribo mientras me sirve mi delicioso té de ojo de sapo y le pone una pizca de vísceras molidas de rata. Ay, mi brujita, ¡qué pregunta!, pues porque, igual que ocurre en esos matrimonios de conveniencia de los que les hablaba, ninguno de los dos quiere dejar la casa familiar que es el PRD, no quieren arriesgarse a quedarse en la intemperie política o a terminar en un departamentito de otro partido, y mucho menos quieren perder el millonario presupuesto que sostiene a la enorme mansión que construyeron juntos. “¡Ay, pero qué feo, porque ahí se andan poniendo los cuernos en público, siendo infieles con otros logotipos o acercándose de más al gobierno panista!”, apunta insidiosa mi Mafus y la verdad tiene razón. Es kafkiano, puramente surrealista, ver a López Obrador anunciar públicamente que apoyará al candidato del PT en Iztapalapa, pero que además les pide a los perredistas votar por ese otro partido y si logran que gane, hacer que el abanderado petista renuncie para dejarle el paso libre a la descobijada Clarita Brugada. Y aunque no es nuevo que AMLO apoye a candidatos de otro partido y lo ha hecho abiertamente en estas elecciones, donde en algunos estados es perredista y en otros hace campaña por los candidatos del PT y Convergencia, Los Chuchos, que sabían de sus públicas infidelidades, que violan flagrantemente los estatutos del PRD, esta vez, cuando lo hizo en Iztapalapa, el principal semillero de votos perredistas en el país, ya no se aguantaron y Jesús Ortega llamó a AMLO “traidor”. Falta ver cómo responde el tabasqueño, que ya dijo que por el momento no se va del PRD, pero el pleito está creciendo en intensidad y no se descarta que esta vez sí llegue la ruptura, tan evitada y pospuesta de ese matrimonio forzado e incómodo en el que se ha convertido el PRD. La desbandada de lopezobradoristas también comenzó hace algunos meses, pero se va a intensificar tras la guerra por Iztapalapa; ya renunció a la dirigencia del PRD capitalino Alejandra Barrales, quien a pesar de estar obligada por la ley y por el fallo del Tribunal Federal, se pasó por el arco del triunfo la orden de registrar ante el IEDF a Silvia Oliva como nueva candidata del PRD en Iztapalapa. Seguro se irán muchos más y el 5 de julio la fuerza perredista en Iztapalapa menguará afectando no sólo al partido a nivel nacional, sino a varios suspirantes presidenciales del PRD, léase Marcelo Ebrard y el mismo AMLO. La pregunta es cuándo se hará oficial el inicio del divorcio inevitable. ¿Llegan juntos a las elecciones del 5 de julio o se separan antes?
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