Al sexo se le ha catalogado como sucio desde que los valores morales y religiosos se metieron en él, más aún en la cultura occidental. Lo permitido de la práctica sexual “limpia” se basa en decir que el sexo no es para sentir placer, sino que es un medio (jamás un fin) para la procreación.Lo sucio en el sexo es, según los tradicionalistas, toda práctica que involucre el sentir placer, y que se salga hasta de ciertas posturas coitales; y más si la práctica sexual se acompaña de juguetes y objetos usados durante este acto. El llamado sexo limpio tiene una muy pequeña zona de acción. En él, la postura sexual por excelencia es el misionero, pensar en realizar aquellas donde la mujer está sentada encima de él o bien, de espaldas a su pareja, se puede tomar como vulgar y degradante para ella. Lo mismo pasa con las caricias y ni qué decir de la actividad oral. La masturbación compartida o en solitario ha sido, junto con la felación y el cunnillingus, más que satanizado y prácticamente prohibido para la gente “de buenas costumbres”, quienes más bien suelen tener una vida sexual miserable. Y ni mencionar la utilización de disfraces, que son considerados para sexoservidoras y gente amoral. más allá de los prejuicios Como siempre pasa, lo prohibido es lo que más llama la atención y en sexo lo único sucio es lo que se esconde atrás de sus conceptos. Una cultura que lo tacha de pecaminoso es resultado de una dependencia religiosa que se preocupa más de controlar, que de enseñar; y que, a falta de educación e información, difunde miedo, culpa y falsa castidad. El sexo no tiene nada de sucio mientras sea consensuado, placentero y no transgreda los límites del otro. La exploración física del cuerpo, así como la experimentación que nos lleva a descubrir otras formas de placer nada tienen de sucio. Intentar diferentes formas de acariciar, besar, tener orgasmos y adoptar posiciones es parte del desarrollo sexual de la persona. En el juego de lo limpio y lo sucio también se enfrentan conductas o “permisos sexuales” como no practicarlo hasta llegar al matrimonio (concepción más arraigada en la provincia y zonas rurales que en las ciudades), o que es una verdadera prueba de amor y que hacerlo sin un contrato de por medio deshonra a la persona y arrastra a la vergüenza a la familia. La única forma de vivir el sexo sanamente es comprendiendo que nuestra sexualidad no es sólo un momento erótico, que somos personas con ideas correctas e incorrectas que determinan la forma en que vemos el mundo y los placeres, pero sobretodo hay que tener presente que el sexo es parte de nuestra evolución y que cambia con nosotros a la par que cambiamos de edad, parejas, ideas, gustos y necesidades. |