Jano Runo, nombre artístico de un capitalino experto en tecnologías cibernéticas, multimedia y la plataforma creativa Second Life de internet, no imaginó que su primera incursión en el oficio del periodismo le traería una sorpresa de la vida real. En comunicación dirigida a este espacio de El Gráfico, el profesional denuncia que sus antiguos empleadores —los dueños del desaparecido diario Centro y del tabloide deportivo Récord, de la editorial Notmusa— parecen considerarlo un personaje de animación y quisieran pagarle por sus servicios con “billetes virtuales”; o sea, con promesas de pago que ya alcanzan un año y medio. Invitado por estos editores a desarrollar la ciertamente exitosa página Mundos virtuales, cumplió con su encargo a lo largo de 16 publicaciones periódicas, entre diciembre de 2007 y octubre de 2008. Sin embargo, hasta ahora no ha podido cobrar ninguna de éstas; trabajos de investigación específicos para el medio. Deseando que su queja pudiera ilustrar de mejor manera a los funcionarios que tienen a su cargo el diseño de las muy estrictas políticas de recaudación de impuestos en el Sistema de Administración Tributaria (SAT), el profesionista comenta: —Lo de menos sería dejarles pasar nuevos meses u otro año más para llegar a cobrarles. En la de malas, ver este asunto de una manera optimista, considerando que la experiencia periodística me resultó muy interesante y renovadora. Eso sí, no me parece justo que tampoco me quieran devolver… mis recibos. Y es que Runo, cumpliendo disciplinadamente con el requerimiento que cada mes le hacía la empresa —más allá de las disculpas por el “no pago”—, entregó a los administradores sucesivos recibos de honorarios por un total de 32 mil pesos, cifra sobre la cual, para colmo, no sólo fue deducida fiscalmente por la empresa, sino que ya causaron al contribuyente un oneroso pago de IVA e ISR. “Nos cargó el payaso: la crisis nos obliga a cerrar”, fue el encabezado mayor que trajo la última edición de dicho periódico, colorido medio que al alcanzar sus 583 ediciones dejó sin ingresos a poco más de 200 personas, entre trabajadores gráficos, empleados y colaboradores. —La quiebra de Centro fue una situación muy triste, y puedo asegurar que entre muchos de quienes participamos se formó una gran solidaridad con la empresa. Hoy vemos que así de mal anda la economía de este país y esperamos que todavía no se nos complique más —comenta al articulista, pero no sin reiterar su inconformidad por lo que se refiere al costo fiscal. —Todavía que no me pagan, me mandan a que me las vea con… (Agustín) Carstens. Pues no se vale, ¿o sí? Demasiada… realidad para una chamba virtual. http://amilcarsalazar.blogspot.com |