Existen dos palabras que se asocian casi automáticamente al placer: comida y sexo. Cuando pensamos en ingerir algún alimento que nos gusta se despierta en nosotros una sensación tan agradable que incita al deseo de comerlo. Y a veces pasa lo mismo con el sexo: imaginar ciertas caricias, besos, posturas nos mueve las ganas de hacerlo.Combinar estas dos fuentes de placer puede resultar un juego muy divertido. El sentido del tacto es el más extenso que tenemos, por estar presente en cada centímetro de piel. Ésta es sensible tanto a la temperatura como a las texturas, de tal manera que responde inmediatemente frente a lo que le untamos. Poner unas gotas de miel sobre los pezones para después quitarlas con la boca no sólo resulta excitante para quien lo recibe, sino también para quien lo produce. Hasta un par de gotas de vino en los labios pueden producir un efecto erótico muy alto para besar. A veces, partes poco exploradas, como los pies, resultan puntos erógenos muy sesibles si se les da un buen masaje usando algún alimento o bebida, como chocolate líquido para quitarlo besándolos o lamiéndolos. Además, como la comida tiene olor, el sentido del olfato también se despierta provocando mayores sensaciones. No todos los juegos eróticos con comida deben llegar al orgasmo; quizá meter el dedo de nuestra pareja en el cucharón y probar la sazón chupándoselo le despierte mariposas en el estómago, claro, hay que incluir una mirada lujuriosa. Esta caricia erótica puede hacer la diferencia entre una comida ordinaria o una llena de pasión. La diferenciacon la alacena Aunque le pueden caber muchas cosas, la vagina no es el mejor lugar para guardar comida. Durante el juego erótico resulta de gran ayuda poner ciertos alimentos en la vulva o sobre el clítoris, sobretodo en la práctica del sexo oral. Sin embargo, introducirlos por el canal vaginal no aumenta ni la sensibilidad ni la lubricación. El PH de esta zona también puede variar si se introducen alimentos en ella y provocar ciertas infecciones. Las duchas vaginales son buenas aliadas cuando esto pasa, pero su uso frecuente tampoco es muy recomendable. La imaginación personal es el límite en el sexo. Cualquier alimento o bebida puede ser un excelente juguete sexual; no obstante, hay unos más tradiconales que otros, como los vegetales de formas fálicas (zanahorias, pepinos, las frutas o los líquidos como la miel, el chocolate, las mermeladas, los yogures, los vinos o licores, etcétera). Atrévete “a poner la cereza en el pastel”. |