Dos tapatías: la chef Paulina Jarero y la sommelier Paulina Vélez fueron las responsables de diseñar el menú y maridar cada platillo con vinos de Baja California, que ayudaron a potenciar los sabores de cada platillo.
Como entrada, unos sopecitos de la abuela Beatriz elaboradas con un guiso de carne molida y col en finas rebanadas. Acompañamos este mini antojito con vino blanco de Pijoan; deliciosa combinación.
Continuamos con una mini torta ahogada, elaborada con birote, una variedad de bolillo traído directamente de Guadalajara, con carne de cerdo tipo carnitas y bañada con dos salsas, una de jitomate sin chile y otra bien picosa, que disfrutamos muchísimo con rebanadas de cebolla marinadas en vinagre y orégano.
Seguimos con un trío de sopas secas, una de arroz relleno, otra de tortilla con chorizo y hierbabuena, y una más de pan de boda, con el sabor casero del pimiento morrón con crema, en una consistencia tipo risotto a la tapatía. La de tortilla tenía ese gusto un poco dulce que resulta al cocinar el chorizo con hierbabuena. La de pan, un plato de fiesta, es una especie de capirotada muy sabrosa.
Continuamos con una degustación de carne en su jugo, en verdad con personalidad y la textura que le da la cocción a fuego lento. Me hizo trasladarme a esos sabores de la cocina familiar, donde el tiempo en las preparaciones era la base de la elaboración con ingredientes frescos de alta calidad.
Los chiles rellenos de queso adobera, una variedad de queso blanco típico de Jalisco, nos hicieron chuparnos los dedos. El queso, combinado con manzana y jitomate se tradujo en una sutil salsa de toque dulce, bien balanceado, que hizo de este platillo una refinada creación en manos de Paulina.
No podía faltar la birria. En esta ocasión la sirvieron sin caldo, acompañada de tortillas de maíz azul. Exquisita combinación.
Y para terminar, un postre de soletas con crema inglesa de almendra y mermelada de frutos rojos, todo de elaboración artesanal, preparado magistralmente por doña María Elena, mamá de Gerardo, quien fundó junto con don Raymundo Vázquez Estévez este restaurante.
Enhorabuena para el Nicos, que ha visto pasar a varias generaciones de amantes de la buena comida, y que en este festival ofrece a sus comensales una probadita de Jalisco, sobre todo de la cocina casera que muy pocos tenemos oportunidad de probar.
El lugar está ubicado en la calle de Cuitláhuac, a una cuadra de El Bajío.
celia.marin@eluniversal.com.mx
|