Ayer, pajarracos, bueno más bien desde el domingo en la noche, todo era celebración para los universitarios. Autoridades, estudiantes, maestros, personal y aficionados de la UNAM, celebraban desaforadamente el triunfo que los hizo merecer el campeonato de futbol; desde el rector José Narro hasta las decenas de miles de jóvenes que abarrotaron el domingo en la noche el Ángel de la Independencia, había muchos contentos y que expresaban su reconocimiento futbolero a la Universidad Nacional. Hasta en los círculos políticos llegaba la euforia. El gobierno del DF anunciaba que les daría la medalla de la ciudad a los jugadores de los Pumas, y Marcelo Ebrard, que se hizo presente en los estadios durante los partidos de finales, dejaba sentir una vez más su cercanía no sólo de aficionado, sino de universitario con el rector Narro y con la UNAM. Pero me llamó la atención una cosa, pajaritos, que en Los Pinos no hicieran ahora nada relativo al equipo campeón del futbol mexicano. Me acordé que en enero pasado, por ahí del día 14 para ser exactos, el presidente Calderón recibió en la residencia oficial de Los Pinos a la plantilla de jugadores y directivos del Toluca, un par de días después de que se había coronado campeón del futbol mexicano en el torneo de invierno. Hubo entones acto oficial, recepción del Presidente y hasta discursos de felicitación para los campeones del Toluca. ¿Los habrá también ahora para los campeones de los Pumas? De ser así no lo han anunciado todavía; y a lo mejor me estoy adelantando, pero se me hace que el Presidente no siente especial simpatía por la UNAM, pajarracos. Porque en los dos años y medio que tiene como Presidente, Felipe Calderón no ha acudido ni una sola vez a la Universidad Nacional. Mantiene con el rector, José Narro, y con su antecesor Juan Ramón de la Fuente, una fría y algo distante relación que no es común entre los presidentes y las autoridades de la universidad pública más grande e importante del país. Salvo una ocasión, en la celebración del Día del Médico del año pasado, el 22 de octubre en el auditorio del Centro Médico Nacional, el presidente y el rector de la UNAM no han tenido contacto personal. Ni el rector ha sido invitado a Los Pinos ni el jefe del Ejecutivo ha sido invitado a la universidad. ¿No se les hace extraña tanta frialdad? La verdad es que el distanciamiento entre Los Pinos y Ciudad Universitaria parece provenir desde las campañas presidenciales del 2006 y su estela de polarización, divisiones y rencores. El activismo abierto de Juan Ramón de la Fuente, entonces rector de la UNAM, a favor de Andrés Manuel López Obrador, hizo que Calderón guardara varias afrentas y facturas que parece estar cobrando con su distancia de la Universidad y sus actuales autoridades. Ustedes saben, pajarracos, que el rector Narro fue uno de los más cercanos colaboradores de De la Fuente y que forman parte del mismo grupo político y universitario, y es muy posible que a eso obedezca la frialdad en el trato entre actual ocupante de la torre de Rectoría y el inquilino de Los Pinos, que por lo demás es mutua, tenga que ver también con eso. ¿Pero y el trato institucional y la institucionalidad de la política? Ah, pajarillos, ¡pamplinas! Eso queda en segundo plano y es evidente que actualmente en la UNAM tienen mucha más empatía y cercanía por el gobierno de Marcelo Ebrard que por la administración calderonista, con la que ya ni siquiera tienen que tratar los asuntos del presupuesto universitario que se negocia directamente en San Lázaro, con los diputados. ¿O no fue evidente cómo Marcelo apareció en el palco del rector como invitado de honor en la final del futbol y cómo, desde las tribunas aledañas al palco principal del estadio México 68 se organizaban porras y cánticos de apoyo y simpatía hacia al jefe de gobierno? Así que es posible que no todos hayan festejado tan eufóricamente el triunfo de la UNAM. Y que tampoco veamos esta vez recepción oficial en Los Pinos para el equipo campeón del futbol y sus directivos. ¿O sí? |