Como se había anticipado, Paul Delgadillo, juez tapatío que da una de cal y otra de arena, será el silbante de la final de vuelta y se deberá tener cuidado con su accionarQué semana hemos vivido los que amamos al futbol: el miércoles nos deleitamos con la final de la Champions, en donde Barcelona mostró que es el mejor equipo del mundo al pasarle por encima al Manchester United y el jueves tuvimos la fortuna de ser testigos presenciales de la final de ida del Torneo de la “Usura” con triunfo de Pumas. Asistí al estadio Olímpico Universitario en compañía de mi hijo y gracias a que el dios Tláloc quiso también animar al equipo estudiantil, nos pusimos la empampada de nuestras vidas, pese a un plastiquillo que nos vendieron, esquilmándonos 20 del águila por piocha y que sirvió para tres cosas: para nada, para nada y para nada. Sin embargo, valió la pena. El arbitraje corrió a cargo de Francisco Chacón, quien así hizo su presentación en este tipo de partidos, cumpliendo, pero dejando algo que desear. Siempre le he criticado a mis colegas ex silbantes, ahora dedicados a la crítica arbitral en los medios, que el gran problema es que no solamente les pedimos a los hombres de negro que arbitren como nosotros lo hicimos en su momento; sino que caemos en el craso y reprobable error de exigirles que “piten” como nosotros “soñamos hacerlo alguna vez”, lo que convierte su labor en una misión imposible. Tomando en cuenta lo anterior, creo que Chacón hizo un trabajo razonablemente bueno, pero no fue justo al mostrar los cartones preventivos, ya que sacó solamente uno por bando, dejando impunes varias acciones del autonombrado “equipo de México”, que así lo ameritaban y si mucho me apuran, una roja. Ahora toca el turno de Paul Delgadillo, juez tapatío que da una de cal y otra de arena; pero sobre todo, que cuando parece que ya se ha consolidado como un árbitro confiable, tropieza de nuevo con la misma piedra del autoritarismo, la sobre estima y la soberbia y lo más grave… con el mismo pie. |