La enorme y real trascendencia de la entrevista de Carmen Aristegui con el ex presidente Miguel de la Madrid se verá mucho tiempo después del día de su emisión en radio. Si la impunidad es un elemento indispensable para el ejercicio de gobierno, y si la justicia y la ley muchas veces estorban al poder, entonces el epitafio de los gobiernos de la Revolución Mexicana y sus sucedáneos panistas será siniestro: el Estado y la nación son un botín. Saqueado el primero en su momento por “la familia feliz”, Martita y sus amigotes —hasta en esto es secundario Fox— o “el círculo interno” del presidente. Y el mercado queda como presa de los monopolios y los grandes grupos empresariales. La alternancia es entonces cuestión de cambiar a los equipos de aprovechados en la política o el mercado; la rendición de cuentas, la transparencia, la responsabilidad política y administrativa es sólo agua de borrajas para timar a los ingenuos. Así, no importa que en horas se suicide De la Madrid con su retractación lúcida e ignominiosa. Pero aquí aparece una pregunta incómoda: ¿cómo pudimos —nosotros, los ciudadanos— permitir que ello ocurriera? Regresemos al año 2000: Fox gana la elección; Ernesto Zedillo deja claro que cumplió con sus difíciles obligaciones y no intervendrá más. La “legitimidad democrática” del nuevo gobierno es enorme en el interior y e n el exterior del país. Esperamos que inicie la limpieza del albañal (gobernadores, grupos de poder, políticos, líderes sindicales, exhibidos una y otra vez). A cambio, frente a nuestros ojos, de manera impúdica y chabacana, Fox comienza a gobernar exactamente con las más prominentes figuras del albañal político. Hasta los extremos de la burla. Cuando los cardenistas en el 2000 se rehúsan a buscar puntos de acuerdos, reformas de consenso, esfuerzos comunes, entonces Fox y su equipo deciden no sólo gobernar junto con el albañal, sino al tiempo convertirse en sus bufones. Cuando ingresan cientos de miles de millones de dólares por petróleo. Para todos los poderosos bolsillos hay. Se reconstruye el sistema “de antes”, mediante el gasto incontrolable de los gobernadores y la astucia de los priístas, los de siempre, los de ahora. En particular la de los secretarios privados de Fernando Gutiérrez Barrios y del propio De la Madrid: el senador Beltrones y el diputado Gamboa. En 2006, con la candidatura panista de Calderón (la derrota del delfín Creel), la anacrónica presencia de Roberto Madrazo y la violenta arrogancia de López Obrador, se presenta un extraño acontecimiento: la débil demo cracia electoral le otorga al PAN una segunda oportunidad. Pero el PAN paga el costo del accionar de sus bufones en Los Pinos y las gubernaturas. Y la legitimidad obtenida es precaria. Con el asunto de la “presidencia legítima” (ahora el bufón es otro: echeverrista de origen y corazón), los márgenes de negociación se vuelven a angostar. Debe tratarse con Gordillo y Romero Deschamps y con los priístas, los de siempre. Hasta con Murat, convertido en campeón desmesurado y estentóreo de la impunidad. Hasta aquí el análisis a grandes trazos resulta racional. Pero nosotros, los ciudadanos, no podemos llamarnos a engaño. Muchos colegas en artículos, columnas y libros advirtieron de una u otra forma de la creciente degradación y la profunda descomposición implicadas en estos acuerdos de facto. Quien escribe publicó en 1995 El segundo disparo, cuyo subtítulo es “la narcodemocracia mexicana”, con docenas y docenas de páginas de documentos oficiales, las cuales descubren algo muy podrido. Ahí, el esfuerzo extraordinario de Carlos Marín —entonces en Proceso—, reconoce nuevas vetas de corrupción y violencia. Y conste: la comunidad internacional conocía del asunto. En mayo de 1995, en Washington, con Leonardo Kourchenko como moderador, se grabó para televisión Contrapunto. Participé ahí con un lúcido y premonitorio Peter Smith, el respetado Jorge Chabat, Silvia Lemus, de la Universidad de Miami, y el subsecretario adjunto del Departamento de Estado para Narcóticos y Crimen, Crescencio S. Arcos, un personaje cercano al poderoso Warren Rudman, del FIAB. Abundamos sobre los temas mencionados en la valiosa entrevista de Aristegui. Nos adelantamos al ex presidente y, como casi siempre, ofrecimos como pruebas documentación oficial. Nada pasó. Y al parecer, ahora nada pasará. |