No me queda claro todavía si es para este año o para el próximo, aunque al achacar la falta a la menor actividad económica, se entendería que es para este 2009.Ya habíamos hablado de esto antes, no alcanza la recaudación para cubrir los gastos del gobierno mexicano. Lo novedoso es que ya hay un reconocimiento de Hacienda de cifras de la magnitud que habíamos planteado en esta columna, y que no son pequeñas. La nota de los colegas también recoge algunos planteamientos de legisladores en el sentido de que no están dispuestos a que los impuestos se incrementen, por lo que Hacienda sólo tendría dos posibilidades: reducir el gasto o endeudarse. Es muy popular pedirle al gobierno que reduzca el gasto, y por eso los diputados y senadores lo hacen con tanta frecuencia. Incluso, para sentirse bien, en ocasiones hacen algunos ahorros en el gasto del Congreso, que no tienen ningún impacto en las cuentas totales, cuando por puro milagro llegan a existir. Es más frecuente que lo que ahorran durante el año en gasto se lo repartan entre los diputados de cada fracción. Total, es su dinero, en esta interpretación patrimonialista tan antigua y tan moderna en nuestro país. Sin embargo, reducir el gasto del gobierno no es una cosa sencilla, a menos que estemos dispuestos a recibir menos servicios. Usted dirá que de cualquier manera estos servicios son de quinta y que mejor los quiten, pero para una proporción importante del país estos son los únicos servicios disponibles. Me refiero a educación y salud, sobre todo. Aunque son ciertamente pésimas ambas, para muchos mexicanos no hay de otra. No he visto un estudio acerca de si quitar estos dos servicios resultaría preferible (puede ser que sí), pero indudablemente que habría un problema político mayor al hacerlo. Si no queremos quitar estas dos cosas, ¿qué quitamos? En los últimos cinco años, el gasto del gobierno se distribuye de la siguiente manera: a las entidades federativas se les envía 38% del gasto (buena parte de ello ya dirigido a educación y salud, pero otra parte no sabemos en qué se gasta, porque los gobernadores no se dejan vigilar). En segundo lugar de gasto, las paraestatales reciben 21% del total (Pemex, CFE, Luz y Fuerza y las dos instituciones de seguridad social, IMSS e ISSSTE). Entre estas dos partidas se va casi 60% del gasto del gobierno. El tercer rubro de gasto es pensiones, con 12% del gasto del gobierno. ¿comprende usted ahora por qué la urgencia en la reforma del ISSSTE? Este porcentaje crece cada año, y no hay manera de reducirlo. Cuarto rubro, comunicaciones, transportes y el resto de energía que no se va a las paraestatales. En total suman 11%. Quinto renglón, el gasto centralizado en educación, salud y desarrollo social, con 9%. La suma de estos cinco renglones es 90.2% del presupuesto del gobierno. Entre economía, medio ambiente, agricultura, reforma agraria y cosas similares se va 4% del gasto público. Recuerde que el programa de desarrollo rural sustentable se lleva 260 mil millones de pesos, que es más que ese porcentaje, pero al distribuirlo en varios renglones, se diluye un poco. Le ponemos 2% del gasto a defensa, seguridad pública y procuración de justicia y un tanto igual a los poderes de la Unión, los tribunales y los organismos autónomos. Llevamos 98% del presupuesto. Los dos puntos restantes se distribuyen entre Hacienda y Gobierno. Y se acabó. ¿A qué le quieren quitar los legisladores? ¿A sus gobernadores, es decir, a sus campañas políticas? ¿A las sacrosantas paraestatales? ¿Al campo, productor de campesinos pobres que votan? ¿A qué le van a quitar? Porque suena bonito eso de que el gobierno tiene que apretarse el cinturón, pero hay que decir en qué, y ahí no veo tanto valor en los congresistas. Y es que, la verdad, ni saben de lo que hablan, ni están dispuestos a apostar su carrera política a favor de la nación. Son puro farsante. Si las cuentas no dan para este año, ya se imaginará cómo van a estar para el próximo. Y no se le olvide que no se trata de un problema coyuntural, producto de la menor actividad económica. No, es un problema estructural, es decir, que llevamos 44 años gastando más de lo que pagamos en impuestos. Desde 1965 este país no financia adecuadamente su gasto, y la única razón por la que no hemos desaparecido como nación ha sido el petróleo, que ha financiado nuestra irresponsabilidad. Pero ya no lo va a hacer. Claro que podemos endeudarnos otra vez, como lo hicimos a partir de 1965. Pero en aquellos años nos salvó el petróleo que desde 1980 pagó las deudas acumuladas y los faltantes anuales. Es decir que podemos empezar a contratar deuda a partir de este año (de hecho, ya tenemos el crédito abierto con el FMI) a un ritmo de 3% del PIB cada año. Eso nos dará cinco o seis de margen, con cada vez más inflación e incertidumbre, hasta que todo termine. Todo, con tal de no perder votos. Todo con tal de no pagar impuestos. Lo que sea con tal de no trabajar. Merecido lo tendremos. |