Los ex presidentes de México se han caracterizado por mantener una presencia pública de una u otra manera. Durante la hegemonía priísta sus intentos de intervenir en política se castigaban con embajadas y exilios simulados. Una vez concluida la época del presidencialismo absoluto, todo hacía suponer que el pasado priísta quedaba reservado al terreno de la historia nacional. Sin embargo, el hecho de que el PRI no haya generado una ruptura con su pasado, y de que la idea del retorno al poder por parte de la misma clase priísta de antaño se perciba como viable, revive la fuerza política de ex presidentes capaces de influir en el proceso. Es por ello que las declaraciones hechas por Miguel de la Madrid, y la respuesta a Carmen Aristegui por parte de Carlos Salinas de Gortari, se enmarcan en esta lucha interna del priísmo por rescatar y legitimar su historia. Por supuesto que es necesario entender este diálogo en el marco del proceso electoral actual en el que el PRI había conseguido repuntar en las encuestas, apostando principalmente a la carencia de memoria histórica de los mexicanos y a la fuerza de los gobernadores priístas capaces de hacer de cada uno de sus estados un feudo difícil de vencer en los procesos electorales locales. En este sentido, los intentos de reconstruir la historia por parte de los ex presidentes priístas terminan por dar municiones a panistas y perredistas al refrescar la memoria histórica de los mexicanos. De hecho, los dos ex mandatarios, De la Madrid y Salinas, han representado en estos días la tragicomedia de un priísmo derrotado más por sus propias divisiones y rencillas que por la presión de sus opositores políticos. Por supuesto que los panistas estarían en una situación similar si Vicente Fox saliese a defender su gestión de gobierno confrontándola con la de Calderón, algo que todavía podría suceder dado el nivel de protagonismo e imprudencia del guanajuatense. Y si a esto le añadimos la necesidad de buscar la revancha por parte de Roberto Madrazo al publicar su libro El despojo, el PRI y su delfín Enrique Peña Nieto podrían perder en unos días lo ganado en los últimos dos años y medio. El hombre al que nunca le interesó la política, Ernesto Zedillo, parece ser el único ex presidente decidido a no entrar en este juego perverso en el que todos ellos pierden (para efectos prácticos, Echeverría no entra en este juego). Así es la política y la ambición por ajustar cuentas entre los hombres del poder. |