En los intestinos del Metro trabajan grupos de la fauna más variada. Los insoportables vendedores de discos pirata que aturden a todos los pasajeros; carteristas, manoseadores, cantantes, perfordanceros, apocalípticos y otros que se mantienen estáticos desde una silla de ruedas pidiendo a la gente una moneda. Arriba, una de las 16 cámaras de la estación registra con bostezo a decenas de personas que salen como vomitadas por los trenes. Desde hace cuatro años veo a Salvador González en el paso subterráneo de la estación Zapata. Quienes sepan a quién me refiero sabrán que su potente voz despierta del autismo que se necesita para estar en la ciudad. Xtstmepuetde-regalar una monedaxts por favor. El jueves lo abordé para tomarle unas fotos, para qué las quieres, me preguntó. Le dije que sólo quiero hablar de su potente voz (le miento) y me responde que hay cosas más importantes que la voz como el hecho de que los gobiernos no hacen nada por la gente minusválida, que le parece increíble que en la ciudad más grande de México no haya escaleras eléctricas para los discapacitados. Mientras platica no deja de mirarme con sus gruesos lentes. Yo no quiero que el gobierno me dé dinero, quiero que me capacite para encontrar trabajo en el Metro; llevo dos años estudiando electrónica. Te voy a decir una cosa, sabes por qué la gente no contrata a los minusválidos: porque no funcionan si de pronto quieren un técnico que también barra la oficina o se lance por los refrescos del jefe; yo no podría, por eso no me dan trabajo. El sustento es la forma más importante, añade mientras los usuarios del transporte pasan a nuestro lado indiferentes. Luego me presume una bolsa hecha por alguna comunidad indígena donde le depositan una a una las monedas que los pasajeros le dan. Mantengo a mi madre con lo que saco de aquí, me mantengo a mí y cambio de silla cada vez que quiero... Pienso que estoy viendo a un faquir cuando me responde que todo está en la mente, por eso puede aguantar no ir al baño hasta 12 horas. |