La crítica que se realiza a los sistemas de medicina social radica principalmente en el burocratismo, la lentitud en la atención y la carencia de equipos y medicamentos adecuados en todo momento. En el caso mexicano, la red de clínicas y hospitales públicos, a pesar de sus enormes deficiencias, ha servido de instrumento efectivo para atender a millones de personas, elevando significativamente el promedio de vida de los mexicanos. En la actual emergencia sanitaria, esto ha quedado demostrado, a pesar de que los casos de negligencia y discriminación siguen estando presentes en varias ocasiones. Esta es la historia de Tanya, una niña de 14 de años cuya madre se encuentra protegida con el Seguro Popular y que al presentar síntomas de influenza fue llevada a la Clínica 1 del Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS) en la ciudad de Cuernavaca, Morelos. Después de permanecer horas sin ser atendida, lo que es normal en estos casos, el médico que la recibe (Gerardo Flores Gallardo, cédula número 6335977) se niega a aplicarle la prueba de la influenza y regaña a la madre de Tanya por haberla llevado cuando sólo “tiene una laringitis que debe ser tratada con antibióticos”. La madre, angustiada porque la fiebre no cede, acude con su hija al Hospital General G. Parres en donde recibe la misma respuesta. Por indicaciones de amigos, lleva a Tanya a una clínica privada donde se le practica la prueba y resulta positiva a la influenza A. Al regresar a la clínica 1 del IMSS por el medicamento, éste se le niega sin razón alguna. Tanya es internada en un nosocomio privado, donde gracias a que está inscrita en el Seguro Popular sólo tiene que pagar una pequeña cantidad, siendo atendida y dada de alta en 24 horas. Unas horas después, la hermana de Tanya, una mujer embarazada a punto de dar a luz, presenta los mismos síntomas y es tratada con prontitud y eficacia en la misma Clínica 1 del IMSS en Cuernavaca. La negligencia del médico tratante, que ya ha sido sancionada por las autoridades de salud, así como la sordera de una burocracia incapaz de atender casos de urgencia, pudieron haber ocasionado una desgracia mayor. La necesidad de instrumentar mecanismos de supervisión que eviten abusos y errores graves al interior de la medicina social es algo que hay que resolver en forma inmediata. La prepotencia y discriminación ante grupos sociales de bajos recursos, por parte de ciertos elementos del servicio médico, es inaceptable en todo momento. |