Si de casualidad a la próxima camada de jefes delegacionales le diera por querer “dignificar” la vida nocturna de nuestros barrios, haría bien en leer el más reciente libro de la periodista Gabriela Granados: Susana: memorias del table dance, donde la autora incursiona sin moralinas en el inframundo que constituyen privados, camerinos, hoteles y agencias de masaje. Aunque la reportera dice que su alter ego, “Susana González”, alias Tamara, es una especie de síntesis hecha a partir de las experiencias de teiboleras a las que entrevistó, uno sabe que ella desarrolló un reportaje “encubierto”, es decir, metiéndose de alma y anatomía en la cueva del lobo teibolero, tanto en la muy feroz de la delegación Iztapalapa, como en la de otros sitios del país. Su testimonio resulta divertido y amargo, triste e hilarante, banal y profundo, brillando el trabajo de campo y la experiencia de primera mano. Y aunque Gabriela parece querer tomar distancia, hay escenas que hacen creer que vivió bastante más de lo que alcanza a contarnos en las páginas del libro. Infiltrada como bailarina, la periodista da rienda suelta a la imaginación y escenifica, por ejemplo, un show lésbico-sádico con una pobre chaparrita a la que ata al tubo, le prensa los pezones, le da de latigazos, y… Un texto bien escrito, organizado y que se deja leer con gusto y enjundia, provisto de pasajes inquietantes, como el siguiente: “Hice que saliera ella primero para poder alcanzarla y acariciarla, y darle besos de verdad en el cuello y en la espalda. Luego yo me desprendí y fui a bailar al tubo del otro lado de la pista, para que todos vieran algo. Allí ella me alcanzó y me empezó a fajar con intensidad, como ella bien sabe hacerlo en la vida real. Una a la otra nos quitamos la ropa, hasta quedar totalmente desnudas, excepto por loszapatos”. Tamara y Gabriela, dos experiencias de primera mano —reportera y teibolera—, que según se desprende de la lectura, no resultaron del todo incompartibles. ¿Será? http://amilcarsalazar.blogspot.com |