Con la reforma migratoria demostrará si su nueva política exterior es posibleLa situación no es desesperada pero el sistema financiero está quebrado —desestabilizado, sin confianza ni liquidez suficiente—; el comercio exterior disminuye; la burbuja inmobiliaria explotó; las medidas anticíclicas apenas empiezan a funcionar; la deuda interna y externa se dispara; hay cierre de empresas; baja el ingreso por impuestos. Y el desempleo alcanza tasas históricas, cuando una nueva clase de crimen organizado (sus jefes aprendieron las tácticas de los de Corleone —de la Bestia, no de la figura civilizada de El Padrino—, y las comienzan a poner en práctica en territorio de EU) se expande de costa a costa y frontera a frontera. Lo único que hace falta en este intimidante y temible guiso es la sal que aportaría El Guasón. No; la situación para Washington todavía no es por completo desesperada. Pero comienza a parecerlo. Y por si fuera poco se presenta el problema de las relaciones con los vecinos —el del norte y el del sur. Con los canadienses hay menores problemas (inmenso territorio, reservas de agua y petróleo, baja densidad de población). Los problemas de la integración son relativamente sencillos —movimiento de bienes y capitales—, aun cuando Ottawa todavía no entiende que la situación del crimen en Vancouver es apenas el principio de una ola que pudiera resultar avasalladora. Aparte es el asunto de los mexicanos y (peor) la percepción que muchos estadounidenses tienen de los vecinos del sur: ¡Detengan la invasión!, ¡envíen las tropas con orden de disparar a los ilegales cuando traten de ingresar a EU! Lo vimos aquí en relación con una nota de The New York Times; casi lo mismo ocurrió hace días con comentarios de lectores a una inteligente serie sobre México en The Washington Post: ¡Cierren la frontera a cal y canto! A pesar de la situación económico-financiera en Norteamérica, Washington podría tratar las relaciones con México en forma más o menos ortodoxa. Enfatizando las opciones de crecimiento en las áreas expulsoras de migrantes; promoviendo las relaciones directas interfronterizas en el sur (Mexamérica es asunto de los dos países); dejando claro que la insoportable amenaza de los discípulos de Corleone será combatida “con toda la fuerza del Estado” en ambas naciones; mucho más allá de la frase “Calderón, socio y amigo, es un valiente”. Incluso proponiendo para este año un programa de trabajadores huéspedes y el impulso a las relaciones de comercio, rebasando el esquema de la producción automotriz. Ese sería un escenario optimista pero, con todo, realista. Pero algo se atraviesa y es aquí donde Obama va a mostrar si su nueva política exterior para asumir en forma colectiva los retos y las responsabilidades es posible o está condenada desde el principio: la reforma migratoria. El presidente de EU tiene que tratar con, al menos, dos fuerzas contradictorias: el creciente y cada vez más influyente voto hispano y el reclamo de los trabajadores de cuello azul: “No tenemos trabajo y los hispanos e ilegales nos cierran oportunidades”. Cuando, si bien los republicanos se encuentran a la defensiva —negándose a toda medida bipartidista—, hoy están captando el voto de los independientes (a tres meses de la toma de posesión). La más reciente edición de National Journal Magazine (nationaljournal.com) expone en forma clara y honesta las enormes dificultades de Barack Obama para alcanzar acuerdos con “el país rojo”, el cual no está representado solamente por los republicanos. Cuando este partido además perdió su ala más moderada en las recientes elecciones federales. Entonces en México nadie debería esperar un compromiso para el corto plazo sobre reforma migratoria integral. Pero sí se pueden demandar pasos concretos para fundar esa perspectiva. Los representantes de muchas industrias en EU y en varios sindicatos nacionales lo saben bien: hoy un programa de trabajadores huéspedes sería una ayuda enorme para la recuperación en EU. Pero México bien puede señalar que ello tiene sentido de largo plazo en función de la legalización de los trabajadores sin documentos. El proteccionismo en materia de migración es una política reaccionaria e improductiva. En eso podrían estar de acuerdo Obama y Calderón. Y el “país azul” en EU. Obama requiere de una mayoría más allá del Capitolio. También con esto la puede construir. Veremos. |