La indisciplina de los jugadores de la Selección Mexicana ha provocado infinidad de comentariosLo curioso es que no debería sorprender, si es el “modus vivendi” de los personajes de nuestro futbol La mala noticia para la Selección Mexicana, de cara al cotejo eliminatorio ante El Salvador —que se disputará el próximo junio— es que tendrá dos suspendidos. Se trata de Carlitos Vela, quien se ha convertido en el malo de la película y ya está haciendo historia en FIFA en cuanto a indisciplina se refiere, y el otro es Carlos Salcido, quien salió expulsado en el juego ante los catrachos, ganándose a pulso la sanción. Esta situación mueve a la reflexión, debido a que en México es muy grande la tolerancia que existe para que cada quien haga y deshaga a su antojo, violando las reglas de juego, faltándole al respeto a los silbantes, volviendo a nuestro país en tierra de nadie, en cuanto a disciplina se refiere. Los ejemplos sobran, pues recientemente fue de pena ajena enterarse que el presidente de los Rayados, de apellido Urdiales, tuvo el mal tino de bajar al terreno de juego, esperar al silbante en turno, Francisco Chacón, quien caminaba rumbo a su vestidor, para recibirlo con una carretada de injurias e insultos que denotaron la más ínfima de las calidades humanas. Y todo, sólo porque el árbitro había tenido la feliz ocurrencia de expulsar atinadamente a dos jugadores regios: al panameño Felipe Baloy y al chileno Humberto Suazo, dejando con nueve hombres al Monterrey para la segunda mitad. Del mismo modo, Baloy, no conforme con haber visto la tarjeta roja, tras violenta entrada sobre un adversario, todavía tuvo la osadía de ir a insultar al asistente de línea, dando muestras de la pobre educación deportiva que posee. Lo más grave de todo esto fue que la aberrante conducta del directivo quedó cubierta con el manto de la impunidad; es decir, no recibió sanción alguna. Esto significa que cualquier dirigente de nuestro balompié puede bajar a la cancha, decirle al árbitro hasta de qué se va a morir y quedarse tan campante, ya que ni siquiera la crítica especializada lo señala como un violador del juego limpio. Con todo respeto señor Urdiales, pienso que el enojo debería dirigirlo hacia sus futbolistas, quienes en víspera del clásico regio se hicieron expulsar con la consecuente suspensión. No se da cuenta que el hecho de culpar al nazareno automáticamente exonera a los verdaderos culpables, sus jugadores, quienes por cierto, ganan un dineral, y a la hora de la verdad, no acaban por devengar con esas irresponsables actitudes. Y luego, cuando la indisciplina cunde en el equipo Tricolor… nos asustamos. |