En el valle de Anáhuac aterrizaron dos viajeros de una galaxia desconocida, dijeron los medios. Cientos de cámaras transmitieron lo que millones de personas vieron en el noticiario estelar. Las profecías del fin del mundo se convirtieron en discurso cotidiano. Una tarde de domingo fueron captados en la periferia de la glorieta de los Insurgentes. De pronto, aparecieron de la antimateria. Teletransportación. Ella vestía falda corta, usaba sólo una media, un hechizante escote aunque en su mano derecha llevaba un arma de esas que aquí se conocen como látigos. Él portaba un traje especial para soportar la envenenada atmósfera del DeEfe. En las noticias también se dedujo que se trataba de huéspedes distinguidos ya que una poderosa escolta los protege. Algún intelectual se atrevió a decir que se trataba de otro engaño del gobierno para distraer a la población de la muerte de Ur. El funcionario del Departamento de Asuntos Extraterrestres dijo que los informes revelan que se trata de seres evolucionados que se comunican vía telepática aunque tengan esa divertida pose de muñecos que todo el tiempo están con la misma postura. Se dijeron muchas cosas en Twitter, aunque hubo un punto en que todos confluyeron: desde que aparecieron, la Ciudad Monstruo volvió a tener sueños eróticos. Ahora, la ciudad musita ardor. Ya es una estrella enana a punto de explotar, no sin antes soltar una nube de deseo sobre su piel de humo grisáceo que se apodera del ánimo ciudadano. Una camada de perros se disputan a la hembra mientras se cierra la webcam.
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