El capitalismo se sometió en Londres a una cirugía mayor. La segunda reunión del G-20 en cinco meses así lo demuestra. Estaremos atentos a la convalecencia del paciente. El cónclave de las 20 economías más sólidas del orbe concluye con medidas para evitar otra crisis. Receta triple dosis de recursos para el Fondo Monetario Internacional (FMI) y la décima parte para el Banco Mundial (BM) y el Banco Interamericano de Desarrollo (BID). También se anuncia la creación de un Consejo de Estabilidad Financiera, una superagencia para alertar de los riesgos macroeconómicos y financieros y, sobre todo, regular los mercados. “Habrá normas duras y castigos para los que no cooperen”, advierte el premier británico al adelantar las conclusiones de la reunión. Las diferencias entre los gigantes de Europa con Estados Unidos y la Gran Bretaña quedaron zanjadas, al menos por ahora. El catálogo de buenas y piadosas intenciones se enriqueció. El selecto club de los 20 representa 85% del valor de la maltrecha economía mundial. Había llegado dividido a Londres. La cumbre estuvo en riesgo de convertirse en un circo de dos pistas. En la primera, Barack Obama y Gordon Brown, y en la segunda, Nicolas Sarkozy y Angela Merkel. El fracaso estuvo así de cerca. Ganó Obama. Habrá una expansión fiscal sin precedentes para restablecer el crédito e incentivar el comercio y el empleo entre las economías más golpeadas por la crisis. O sea, préstamos con intereses para que los pobres tengan con qué pagar los platos rotos en la casa de los ricos. Perdón por el simplismo, pero así leo esta parte del mensaje enviado desde Londres. Ganó Sarkozy. El presidente francés pintó su raya unido a la canciller alemana. Exigían la nueva arquitectura del capitalismo basada en un organismo de control financiero global, más ético y solidario, para amarrar cabos sueltos que permitieron la salvaje especulación, causa de la crisis. Para Sarkozy y Merkel, la reforma de los mercados es más importante que los planes de estímulo propuestos por Obama y Brown. Ambos bloques aplaudieron el compromiso de mandar al diablo a los paraísos fiscales. ¿La era del secreto bancario terminó? Sin embargo, y a pesar de las duras negociaciones, han quedado pendientes, por ejemplo, medidas concretas para frenar la proteccionismo promovido por China, Japón, Francia y Alemania. El sospechoso consenso logrado en Londres es prohibir a la cumbre del G-20 morir en el intento de moralizar un sistema financiero inmoral. |