Carta enviada a El Gráfico: “En la colonia Benito Juárez Norte, Xalostoc, llevamos cinco días sin luz, desde el 25 de marzo. Ya lo hemos reportado varios vecinos al teléfono que viene atrás de los recibos, pero hasta hoy domingo no lo han arreglado. Lo que teníamos en el refrigerador ya se echó a perder y eso, como siempre, no lo paga Luz y Fuerza del Centro”. Juan Carlos Sabino (sabinokc0@yahoo.com). Si todos los capitalinos pudieran celebrar la Hora del Planeta provistos de una rica cena; de vino, velas, música romántica y la compañía de una rubia como las que publica este revitalizado diario; quizá aplaudirían la reciente puntada del gobierno del DF en el sentido de querer “institucionalizar” los apagones urbanos, éstos con duración de 60 minutos todos los días sábado. En una ciudad donde apagones y altibajos de la corriente se sufren a toda hora... ya no en fines de semana, sino en plenos días laborales, parece un exceso y hasta una broma cruel pedir que el ciudadano se desconecte ahora por gusto de esa energía vital que, por su variabilidad o ausencia —amén de un pésimo servicio de mantenimiento por parte de nuestra H. Compañía de Luz—, tantos problemas cotidianos le causa. La crítica anterior, no porque la eventual acción ciudadana careciera de utilidad para el desarrollo de una conciencia ecológica entre adultos y niños, sino porque siendo la idea promovida desde el gobierno, no se transmite a la ciudadanía un mensaje autocrítico que, siquiera, arropara a la clase política con un poquito de autoridad moral. Hasta hoy, tal y como lo denuncia Greenpeace, apenas 3.4% de los edificios públicos del país acatan el Programa de Ahorro de Energía de la Administración Pública, expedido en 2003, que los obligaría a ajustar sus horarios de iluminación a los tiempos naturales. Así, uno sabe que ni las secretarías del Medio Ambiente, tanto capitalina como federal, obedecen dicha norma... y hoy mismo el lector puede hacer su propia “auditoría”: Visite las áreas ejecutivas de esas dependencias durante las primeras tres horas de sol, entre 6:30 y 9:30; vuelva a la hora de la comida, entre 15:00 y 18:00. Verá que durante esas seis horas todas las luces están prendidas y muy poquitos trabajando. Eso sí, visítelas por la noche o en la obscura madrugada. Quizá no lo dejarán entrar a los inmuebles, pero desde la acera podrá verlos como árboles navideños, y unos cuantos cubículos llenos de funcionarios que así buscan reponer el tiempo que dejan perder en la calle. http://amilcarsalazar.blogspot.com |