“El combate al narcotráfico no sólo requiere el uso de la fuerza. También hacen falta medidas financieras para asfixiar la capacidad corruptora de las organizaciones criminales”. Así lo apunta el editorial del 14 de diciembre pasado del semanario Desde la fe, órgano de difusión de la Arquidiócesis de México. Se refiere a la tentación pecaminosa de las cúpulas empresariales que ven el lavado de dinero como un soporte financiero temporal (¿?) ante la crisis y la miopía de las autoridades para impedirlo. Desde luego no se aplica la autocrítica. El panfleto no menciona las narcolimosnas, ¡Dios nos libre! Denunciar no empobrece y menos a la Iglesia. Pero el camino del infierno está empedrado de tonterías y buenas intenciones, que a fin de cuentas son lo mismo. Lea usted: “La unidad para combatir el lavado de dinero en la Procuraduría General de la República (PGR) sólo tiene contratados a cinco ‘peritos’ en contabilidad, todos neófitos; todos con ábaco en mano y sin jefe inmediato”. Esto lo denuncia un lector muy bien informado. ¿Son tan poquitos los casos de crímenes financieros en el sexenio o en los 8 meses de Marisela Morales al frente de la Subprocuraduría de Investigación Especializada en Delincuencia Organizada (SIEDO)? En 2007 se registraron 145 mil 680 movimientos bancarios inusuales, se analizaron 3 mil 487 y sólo se investigaron 145 casos. No se pudo más. ¿Los 5 contadores de la SIEDO son “supermanes”? ¿Podrán fundamentar la aplicación de la Ley de Extinción de Dominio? Nuestras fuentes aseguran que los 5 contadores carecen de la experiencia para apoyar las decisiones de 30 agentes del MP de consignar con éxito al menos la mitad de las denuncias por lavado. Los hechos muestran que el gobierno está más interesado en presumir golpes al narco que en actuar contra sus causas. Desmontar las redes de “blanqueo” sería más eficiente que combatir el trasiego de drogas. Pero las investigaciones de lavado son muy lentas. Las armas legales están mal calibradas y difícilmente podrán dar en el blanco. Somos una economía vulnerable. Intensiva en el uso de efectivo y desacostumbrada a los medios electrónicos de pago. Sirve de poco el trabajo de Luis Urrutia Corral, director de la Unidad de Inteligencia Financiera de la Secretaría de Hacienda (UIF). Él nutre de información a la SIEDO y a sus 5 contadores, obstáculo burocrático para consignar prestanombres de capos. ¿Estará desesperado el procurador Medina Mora por la falta de resultados de Marisela Morales? ¿Cuánto tiempo pasará para que al Ejército militar se sume otro de contadores, agentes inmobiliarios, profesionales, todos, obligados a reportar operaciones vinculadas con el lavado, capaces de detectar y denunciar las operaciones financieras ilícitas que valen 25 mil millones de dólares sólo en México? Al narco hay que pegarle duro y a la cabeza, pero también donde más le duele, debajo del cinturón financiero. Para ello hacen falta “narices”, como diría Hugo Sánchez. |