Hace días la Suprema Corte en EU se rehusó a considerar siquiera la resolución de una corte federal de apelaciones, la cual afirmó amplia inmunidad a la industria de las armas, otorgada por la Protection of Lawful Commerce in Arms Act, firmada por el presidente Bush en 2005, en contra de juicios promovidos por víctimas de disparos de armas de fuego provenientes básicamente de los gun shows.En estos mercados un ciudadano puede venderle armas a otro sin necesidad de escudriñar sus antecedentes. La industria también puede enviar cuantas armas se le antoje a mercados donde las regulaciones son menos estrictas (The Washington Post, 9 de marzo). La ciudad de Nueva York y víctimas de la violencia buscaban contener la venta de armas; los derrotaron. Los gun shows seguirán funcionando y la Casa Blanca muy poco puede hacer. Lo que sí puede intentar detener es la venta de armas robadas al US Army o a la National Guard. Esta pésima noticia y las declaraciones en el Capitolio del director de Inteligencia, Dennis C. Blair, en relación con la pérdida de control en partes del territorio mexicano, seguramente enfurecieron al presidente Calderón, al senador Felipe González —en la lucha contra el narcotráfico de los estadounidenses siempre podemos “esperar lo peor”, dijo— y nada menos que al hombre quien, con Salinas de Gortari como presidente, controló “la seguridad” en carreteras, aeropuertos, puertos y pistas de aterrizaje, licencias y matrículas en barcos, aviones y vehículos federales: don Emilio Gamboa Patrón. El jefe de la bancada del PRI en la Cámara de Diputados demandó: “Los estadounidenses tienen que hacer su trabajo más severo y mucho más serio”. Como cuando él controlaba la Policía Federal de Caminos y Puertos. En México sólo por error o casualidad cruzaban y menos aterrizaban algunas onzas de droga. Así entramos de lleno al pleno e hilarante surrealismo —atentos a otra puesta en escena: la de los comandantes López Obrador, Muñoz Ledo y Luis Javier Garrido, quienes, de una buena vez, proponen “derrocar, destituir al espurio” y “cambiar las políticas pero también a los hombres en el poder”, “radicalizando las acciones para poner fin al desastre”. Sí, en forma pacífica y constitucional. Faltaba más. El Presidente, contagiado por los modos y las expresiones en uno y otro lado de la frontera, también puso su parte: “Reto a quien diga eso (Blair, por supuesto; EV) que me diga a qué punto del territorio nacional quiere ir y lo llevo. Lo único que le pido es que no venga de vacaciones...”. Harun Alrashid y su gran visir, Claudio el emperador romano y uno de sus más fieles asistentes, salían por las noches a recorrer Bagdad o Roma y escuchar lo que tenía que decir el pueblo común. A mí me parece muy arriesgado que Felipe Calderón y Dennis Blair salgan a la calle de noche en Chihuahua, Rosarito o Reynosa, Morelia, Celaya, Cancún o, peor, mucho peor, en Tampico, Ciudad Hidalgo o Xpujil, sin las escoltas del Estado Mayor y el Servicio Secreto. La prudencia no choca con la valentía. El Presidente y el director de Inteligencia no deben arriesgarse de esa manera para conocer la realidad en las calles de México y en forma creciente en EU. Y ellos no deberían olvidar que quien gana la calle gana la ciudad. Hasta aquí llegaban las nuevas cuando se dio a conocer que Hillary Clinton, la secretaria de Estado, visitará México los últimos días de marzo. Para entonces ya se conocería el nombre del embajador o embajadora de EU en México. A menos que la señora Clinton primero hable con los representantes del vecino del sur y, luego, el presidente Obama decida. Ese sería un detalle a tomar en cuenta cuando el embajador (¿Gelbart?) llegue a la capital mexicana, a dos meses de la toma de posesión de Obama. Por fortuna, la visita de Hillary Clinton, con todos los dimes y diretes, representa una oportunidad muy importante para intentar responder a la pregunta fundamental: ¿cómo se quiebra el negocio criminal en ambos lados de la frontera? Ambos gobiernos tienen limitaciones mayores y menores. Pero ambos gobiernos son los corresponsables primarios de resolver este asunto cada vez más delicado: las violentas empresas criminales transnacionales fuera de control. |