“La democracia es el menos malo de los sistemas políticos” Winston Churchill
Sabemos que su costo equivale a la inversión anual en cultura del país, a la tercera parte del presupuesto de Defensa y poco más de 15% de los recursos de nuestra educación y la salud de todos. Ese no es el costo de la democracia, sino del aparato inherente depositario de la autoridad electoral que vigila y regula el correcto funcionamiento de los comicios federales en México: el IFE. Sabemos que la estructura para vigilar el resultado de las elecciones nos cuesta 12 mil 180 millones de pesos y que no es posible hacer política si no es dentro de los partidos. Y que los partidos se llevarán cerca de 3 mmdp sólo en 2009. Sabemos que los consejeros del IFE no son jacarandas indias que ahora empiezan a florecer. Fueron puestos por los partidos en función de sus intereses. Luego vino el escándalo, el insulto de la semana pasada contra la democracia, y la ignorancia de las dimensiones y consecuencias de la crisis económica por parte de los consejeros y de los que los nombraron. Sabemos que el problema es que estas barbaridades pasan porque nadie se está midiendo debido a que todo es por y para los partidos. Entonces, ¿puede el pueblo de México, aparte de las encuestas y el marketing político, saber cuál es el proyecto de los partidos para refundar y construir el futuro del país? Sabemos que en los últimos 25 años el país lo ha entregado todo para tener una democracia fiable: desarrollo, paz, concordia e ilusión. Pero ahora sabemos también que después de la intentona de un desproporcionado aumento salarial, el aparato ligado a la garantía del ejercicio democrático tiene que demostrar que no transformará al país desde los partidos o desde el sistema político, sino desde el propio aparato que está encargado de defender la democracia y la pureza de la representación de los mexicanos. Siempre hemos sabido lo que nos cuestan; es el momento de que sepamos qué nos ofrecen, además de repartirse, en un grosero espectáculo, el valor de la inversión del pueblo, la carne y la sangre de México. Sabemos que para trabajar en este sistema no deben darnos sólo 500 diputados, 128 senadores y 2 mil 440 presidentes municipales, sino programas exitosos contra la corrupción y el crimen organizado y, sobre todo, para vencer la única guerra que nos hará ganar la batalla del futuro: la educación. Lo que nos cuestan afecta a todos, pero el mal de muchos no es consuelo de nadie, ni de tontos ni listos: sabemos que tenemos un problema, estamos tocando fondo, y ellos, los autistas que sólo se oyen a sí mismos… nos están fallando. |