El presidente Calderón muestra su lado intolerante y sectarioLos Pinos, Congreso y partidos no comprenden nuestra situación Norteamérica pasa por un mal momento. Mientras los republicanos en Washington cierran filas negando toda posibilidad de acuerdo bipartidario —el senador Judd Gregg se retira de la postulación para secretario de Comercio, mencionando “diferencias irreconciliables” como el manejo del próximo censo (¡!)— y en Canadá comienzan a sentir lo helado de la crisis global, en México el presidente Felipe de Jesús Calderón abre todo posible frente de combate, mostrando su lado intolerante y sectario, sin aportar nada. Desde su resaltada presencia en un evento católico para familias (luego llegaría el escándalo del padrecito Maciel) hasta el rechazo del “catastrofismo”, pasando por el errático y desafortunado discurso del 5 de febrero e incluso por la evidente molestia provocada por la tesis del “Estado fallido”, las últimas semanas colocaron al Presidente mexicano en la ruta mortal hacia un foxismo redivivo. Ya le dijeron hasta “pobre Presidente” y el autor del calificativo es uno de los grandes empresarios... católicos. Barack Obama puede al menos mostrar un triunfo legislativo a la hora del programa de estímulos económicos; pero todavía falta aterrizar el rescate bancario (Paul Krugman habla de la nacionalización como la mejor alternativa —lo leerá en EL UNIVERSAL—) y proponer el nuevo presupuesto federal. También definir las postulaciones en Comercio y Salud. Un paquete nada sencillo. En México la clase política se muestra enervada y, obvio, confundida. Al menos en Washington los republicanos, dicen, actúan por “principios filosóficos”: más recortes a los impuestos y evitar el exceso de gasto gubernamental. Vamos: de risa loca, pero al fin de cuentas se muestra cierta anticuada y obsoleta racionalidad. Pero en Los Pinos, en el Congreso y con los dueños de las patentes partidarias ni siquiera se comprende nuestra situación extraordinaria. Macario Schettino asiste a un foro del Congreso: desmonta toda la burda mitología nacionalista revolucionaria y ofrece una perspectiva de solución. No pasa nada; a lo mejor lo ovacionaron sin entender su posición y análisis. Ya ha sucedido. Lo cual me permite hacer una propuesta. Una más, al fin nadie escucha. Construyamos una red de ferrocarriles, moderna e integral. Unamos a 100, 200 o más ciudades por tren. Comenzar es la cosa más sencilla del mundo: hacer la doble vía a Querétaro. Luego nos seguimos. Hay que edificar el segundo aeropuerto para el DF en Hidalgo. La nueva refinería en Tuxpan. Obras son amores: muchas obras, mucho amor. Seguramente lo entiende el presidente Calderón: hablar al vacío, hasta con dinero y crédito en la mano, es sacrificar la credibilidad y la seriedad del político a cargo. Calderón tiene ya mucho tiempo hablando y cayendo en el vacío, hasta con su tonillo intolerante o arrogante. Mientras los gobernadores y los de las patentes de corzo se le montan en las barbas. Y hacen lo que quieren junto a sus socios y amigos. Como los de Raymundo Collins y Marcelo Ebrard, tan citados en la carta manipulada del Chapo Herrán. Vicente Fox pudo simular que gobernaba (“¿Yo por qué?”), gracias a los ingresos extraordinarios del crudo y las remesas del exterior, cada vez más sospechosas. Aquí lo expresamos decenas de veces. Así alimentó a los poseedores de las patentes de corzo de todo tipo (empresarial, sindical, legisladores y gobernadores). Pero el dinero del crudo se agota en forma acelerada. Entonces Calderón se enfrenta ya a una decisión crucial: imitar a Fox o mostrar su amor con obras. Todo lo demás es pura parafernalia descompuesta; incluyendo su “guerra contra las drogas” a la cual han dado apropiada respuesta los integrantes de la Comisión Latinoamericana sobre Drogas y Democracia. Y, por si fuera poco, el nuevo director de Inteligencia del gobierno de Obama, Dennis C. Blair, se inscribió en nuestro Club de los Catastrofistas que Atentan Contra el Estado cuando, en forma moderada, prudente, señaló la ingobernabilidad en partes del territorio mexicano. Y la mayor violencia de las empresas criminales contra altos funcionarios de “la seguridad”. Entonces queda evidente: la única respuesta inteligente a los que marcan el tic-tac con la esperanza puesta en el mítico 2010 es llevar a la práctica aquello de “obras son amores”. |