Se han fijado ustedes, estimados lectores, que cada una de las jornadas del futbol mexicano se caracterizan por alguna peculiaridad que resulta ser el común denominador. Así tenemos que existen jornadas en donde destacan la gran cantidad de goles anotados o la calidad con la que fueron convertidos. A veces son los arqueros los que se distinguen “bajando la cortina” y realizando atajadas espectaculares.Pues bien, al parecer la Jornada 3 del Torneo de la “Usura” será recordada por la gran cantidad de equipos que intentaron descargar su frustración culpando a los árbitros de su infortunio. En ese caso estuvieron las Águilas del América, que con todo y su famosa reestructuración, fueron a morder el polvo a Morelia, al son de 1-0. Se quejan de que les han mandado a puros noveles silbantes y que ellos francamente, para rendir, lo que se llama rendir y para jugar tranquilos, necesitan que les manden un árbitro de jerarquía y prosapia, para que esté al nivel que ameritan los de Coapa. Del mismo modo, mi estimado Tuca Ferreti tuvo la desventura de calificar la actuación del silbante Fabían Delgado Horcasitas, aseverando que “no aplica bien el reglamento”, lejos de referirse al desempeño de su equipo, tratando de explicar cómo fue superado por su rival. Indios y hasta el Monterrey también tomaron como pretexto a los nazarenos, respecto del resultado de sus partidos. Les invito a que nos situemos en un supuesto escenario, en donde al término del partido, fueran los árbitros quienes hicieran declaraciones respecto del desempeño de los equipos. Así, podríamos escuchar a un novato diciendo: “Caray, es mi segundo partido en Primera y me han tocado puros equipos chillones quepretenden echarme la culpa de su incapacidad”. O a otro árbitro más avanzado diciendo: “No me explico quién tomó la decisión de contratar a ese par de bultos (un argentino y un brasileño) que no meten gol ni al arcoiris”. O alguno que opinara: “No solamente se equivocó en el planteamiento inicial; con sus cambios desbarató al equipo”. Que todos se refieran al quehacer de los de negro, es normal. Si fuera al revés, sería el acabose, una falta de respeto imperdonable y la afición pediría... “¡Que los quemen en leña verde!”. |