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México D.F., a 2 de febrero de 2009 | 5:30 PM

Ricardo Alemán
Itinerario Político
01 de febrero de 2009
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Nuevos ricos

No, al referirnos a los “nuevos ricos” no hablamos ni de Carlos Slim y menos de Bill Gates

Partidos ricos y ciudadanos pobres

¿Instalarán en Hidalgo la refinería?

No, al referirnos a los “nuevos ricos” no hablamos ni de Carlos Slim y menos de Bill Gates. Tampoco de los beneficiados con el Fobaproa.

Nos referimos a los partidos políticos mexicanos, que sólo el año electoral de 2009 se llevarán a sus arcas la nada despreciable —y harto cuestionable— suma de 3 mil 633 millones de pesos —en números cerrados—, además de que 50% de esa cantidad será el costo de los millones de spots con los que nos inundarán a partir de hoy.

¿Alguien imagina o entiende cuánto dinero son los 5 mil millones de pesos de que dispondrán los partidos para las elecciones del 5 de julio, en las que se renovarán los 500 diputados federales, seis gubernaturas, y al menos una decena de congresos locales y capitales de igual número de ciudades? Por donde se vea, es una cantidad que ofende, insulta y lastima a todos. Y hasta ahora, ninguno de los partidos se ha atrevido a dar una respuesta a ese ofensivo financiamiento. ¿Por qué resulta ofensivo y por qué todos callan?

Porque el dinero público no sólo ha pervertido a partidos, políticos, servidores públicos y gobernantes, sino que los ha hecho olvidar la razón de ser de la política —que es o debiera ser el bienestar de la gente—; los ha convertido en amnésicos sobre la razón que justificó originalmente el financiamiento público de los partidos y, en la práctica, la insultante partidocracia hoy es todo lo que cuestionaron los partidos y contra lo que en su origen lucharon: la despótica oligarquía.

La oligarquía, como se sabe, se define como “el gobierno de pocos”, y la partidocracia es el monopolio que ejercen los partidos sobre el poder político, la vida política organizada y el control total de la sociedad. Así, los partidos controlan los procesos electorales —al someter al árbitro y al aprobar el dinero público para las candidaturas, y el uso de los medios—, tienen en un puño a los aspirantes a puestos de elección popular, dominan las políticas económicas, los programas sociales y por si hiciera falta no le rinden cuentas a nadie, ya no del dinero público que emplean, sino de sus acciones frente a poderes y gobiernos.

PARTIDOS RICOS

Vale recordar que el financiamiento público de los partidos viene de la reforma electoral de 1996-1997. Entonces el presidente Zedillo y un sector del PRI propusieron las reglas hoy vigentes sobre el financiamiento público, bajo el argumento de que la democracia debía ser preservada de las tentaciones de particulares, por intervenir mediante dinero negro. PAN y PRD no parecían del todo convencidos, y los azules incluso dudaron de si se trataba de una trampa de los regímenes del PRI.

Y es que hasta esa reforma, el PRI siempre utilizó el dinero público con fines electorales, sólo que mediante transferencias ilegales. En realidad lo que se proponía era legalizar dichas transferencias. En un artículo publicado en La Nación, Carlos Castillo Peraza se refirió al tema y advirtió que se trataba de una decisión trascendental “que puede ser una trampa del régimen para debilitar al PAN… porque disminuirá la autoridad moral de Acción Nacional… y le daría al régimen una autoridad moral que no tiene”. Por eso, Castillo Peraza se opuso. En el PRD de entonces existió una débil resistencia, que pronto fue olvidada.

Lo cierto es que para las elecciones presidenciales de 2000 y 2006, ya nadie cuestionaba el uso de millonarios recursos públicos para las campañas políticas. Lo importante, claro, era el poder por el poder, sin importar si se vivía el inicio de los partidos ricos y los ciudadanos pobres.

En realidad ese financiamiento es la más ofensiva transferencia de dinero de todos los ciudadanos a los bolsillos de políticos y dueños de partidos. Pero rumbo a 2009, la jerarquía de los argumentos había vuelto al inicio. Es decir, para las elecciones de julio venidero, una de las principales preocupaciones es blindar las campañas del peligro que significa que ingrese dinero negro —del crimen organizado y el narcotráfico— a los procesos electorales.

¿Alguien recuerda cuál era el argumento para financiar la democracia electoral con dinero público? Ése, que no entrara dinero negro, de particulares interesados, y del crimen organizado y el narco. Queda claro que ese argumento de Ernesto Zedillo en 1997 era falso. ¿Por qué? Porque todos financiamos con nuestros impuestos a los partidos y las elecciones, y sigue latente el riesgo de que entre dinero negro a los procesos electorales.

CIUDADANOS POBRES

Pero el asunto no se queda en eso. Los partidos, como todos saben, son entidades de interés público, cuya razón de ser es alcanzar el poder para convertir en programas de gobierno sus postulados, entre ellos el bienestar de todos. ¿Pero qué pasa en la realidad?

Que en buena medida las burocracias de los partidos —que no sólo son los empleados del partido, sino los dueños de las franquicias, sus familias, los centros de poder como cargos de elección popular y gobiernos— son los “nuevos ricos”, aquellos que dijeron dedicarse a la política para buscar el bienestar de la gente, y que terminaron como vividores de la política.

¿Para qué buscar el bienestar de la gente si ellos, los dueños de los partidos, son los dueños del poder político, del poder público y, por si hiciera falta, de la vida política? Son una nueva clase social que no sólo tiene el control político y público, sino el dinero de todos. ¿Qué no todos los partidos, en su origen, surgieron justamente para acabar con los privilegios de la oligarquía, de los virreyes estatales, y para lograr una sociedad más justa? Eso dicen sus estatutos.

La realidad es bien distinta. Los partidos y todos sus burócratas son los nuevos ricos. Comen, visten, viajan y despilfarran como nuevos ricos, claro, del dinero de todos. Y lo mismo ocurre entre azules, amarillos o tricolores. ¿Por qué los políticos que siempre se dicen preocupados por los abusos de los ricos, por lo ofensivo de su riqueza y el despilfarro, no pegan el grito por el dinero que reciben los partidos? Porque la democracia es maravillosa, pero en los bueyes de sus compadres. ¿Por qué nada han dicho PRI, PAN, PRD, PT, Panal, Convergencia y PSD? Porque no hay rico que le haga “fuchi” a la riqueza.

¿A HIDALGO LA REFINERÍA?

Dicen los que saben que si los criterios para construir la nueva refinería son técnicos y económicos, el lugar ideal sería Hidalgo, seguido por Veracruz. En cambio, si se emplea un criterio político podría ser Campeche. Y será el sereno, pero resulta que apenas en días pasados se anunció que llegará a Hidalgo la empresa Hutchison Port Holding, oriunda de Hong Kong, que invertirá en los próximos tres años 200 millones de dólares y generará 10 mil empleos directos. Desarrollará una terminal de carga y un parque logístico que garantizará un desarrollo sustentable en una región, donde también se insiste en la construcción de una terminal aérea. ¿Será?

EN EL CAMINO

En un inédito en la vida partidista, el PRI anunciará la creación de una Comisión de Seguridad Nacional, cuyo objetivo es dar forma a una propuesta de nueva generación para combatir la inseguridad y el crimen. Este miércoles serán convocados, entre otros, Joaquín Hendricks, Fernando del Villar, José Antonio González Fernández, los generales Ramón Mota y Roberto Badillo, además de Alfonso Navarrete.

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Alejandro737
2009-02-01|08:41
México
...y la educación, el cuidado de los bosques, el apoyo inteligente y verdadero al campo, la investigación científica...¡No!, ¿Cómo?, mejor dárselo y despilfarrarlo en la inutilidad total. Lo que no sirve para nada en este país: La quesque política parásita.
  Acerca del autor

Apasionado del periodismo, así explica el autor su dedicación de más de 10 años a este espacio donde se afana en traducir, aclarar y revelar los entretelones de críptico ámbito que es la política. Su trabajo requiere análisis, conocimiento y paciencia para poner en su lugar las piezas del acertijo. Le intriga también la literatura, aunque asegura que ninguna novela es más interesante que la realidad política.

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