Genio y figura hasta la sepultura, versa el refrán. Y viene al caso porque ayer la mismísima Marta Sahagún dio cátedra a reporteros sobre lo que debe ser una buena estrategia de comunicación. Hay que recordar que antes de ser la primera dama en el gobierno de su esposo, Vicente Fox, se desempeñó como vocera de Los Pinos. Hablaba de todo y fijaba posiciones sobre esto y aquello. Ayer, en el Centro Fox, dio clases, según ella, de lo que deben hacer los candidatos en la ya cercana justa electoral. De entrada, aseguró que la estrategia para el éxito en las campañas es la cercanía con la gente, y la utilización de los métodos y técnicas adecuados para llevar su propuesta. “El punto clave está en despertar el entusiasmo de la gente”, dijo una eufórica Sahagún. Ante sus palabras, más de uno se preguntó si no está pensando en buscar algún cargo de elección popular. Por ello, viene a cuenta la famosa frase de Adalberto Martínez, Resortes: ¡Ay mamacita!”. Y mientras en Davos el presidente Felipe Calderón hacía valer la lucha contra los poderosos cárteles de las drogas, en México, Andrés Manuel López Obrador señaló que el problema de la inseguridad y la violencia no se resolverá con una guerra con policías o soldados, mucho menos con cárceles o amenazas de mano dura, o incluso con leyes más severas y condenas largas, sino con “valores espirituales”… López Obrador no dejó pasar las expresiones públicas de Calderón sobre la economía, y advirtió que además de estar equivocado con su política en la materia, por ninguna razón permitirá que se venda el petróleo de los mexicanos a extranjeros. Hoy se esperan nuevos mensajes del tabasqueño. Por primera vez, en un esfuerzo que reclamó cientos de miles de pesos, especialistas ocuparon al menos tres meses para quitarle el mal aliento a un equino que se ha convertido en icono de la ciudad de México. No se trató de médicos veterinarios, sino de herreros que se ocuparon de restaurar El Caballito, que se encuentra en Paseo de la Reforma. La obra, de más de 80 toneladas de peso y 28 metros de altura, fue sometida a una cirugía mayor que incluyó la reorientación de los ductos que funcionan como respiraderos del drenaje profundo, y que envuelven la obra de Sebastián en un olor fétido y contaminante. Ahora esos gases serán desfogados por otras vías y no por la cabeza de la emblemática pieza escultural. “Ya le quitamos el mal aliento al caballito”, declaró el propio artista, quien reinaugurará la obra la próxima semana. |