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México D.F., a 29 de enero de 2009 | 12:39 PM

El Duende Preguntón
¿Sabe o no sabe?
29 de enero de 2009
Los tecnócratas mudan de piel


Quién lo iba a decir, pajarracos, los neoliberales de ayer, los ortodoxos y dogmáticos defensores de la libre economía, del capitalismo más salvaje y de un Estado adelgazado que no interfiriera para nada con las sagradas fuerzas del mercado, hoy claman por un Estado “más presente y regulador” del juego económico y el especulativo mundo financiero.

El derrumbe económico mundial, que representa el colapso del modelo que tanto ensalzaron y nos impusieron en los últimos 20 años, ha revivido las teorías de John Maynard Keynes, el defensor del Estado regulador e interventor de la economía, para sepultar las tesis de Milton Friedman que defendían a las leyes y las fuerzas del mercado como las únicas que podían y debían regir la economía de un país, mientras el Estado sólo quedaba como un observador del juego de los capitales.

Les digo todo eso, pajaritos, a riesgo de que me pregunten si no ma a menir mi mamá, porque ayer leía unas declaraciones de José Ángel Gurría, el actual director de la mundial Organización para el Desarrollo y la Cooperación Económica (OCDE), que pugnaba por una mayor regulación a los mercados financieros en todos los países, “para evitar riesgos”, y recomendaba que el Estado retomara el papel de vigilante y regulador del que antes ellos mismos renegaban. Gurría, como ustedes saben, fue secretario de Hacienda en el gobierno de Ernesto Zedillo, el más ortodoxo y dogmático neoliberal Presidente que hayamos tenido, que superara en dogmatismo incluso a su padrino y antecesor Carlos Salinas.

Como muchos otros funcionarios de esos sexenios —los mismos que siguieron manejando la economía del país con Vicente Fox y que continúan haciéndolo ahora con Felipe Calderón— forman parte de lo que en México llamaron “la tecnocracia”, defensores del liberalismo a ultranza en la economía, seguidores de la llamada Escuela de Chicago de Friedman, y que no eran otra cosa que economistas formados en universidades extranjeras y que trajeron a México el modelo iniciado por Ronald Reagan y Margaret Thatcher en los años 80.

¿Por qué Gurría no defendió, cuando fue secretario de Hacienda, las mayores regulaciones a los mercados de las que ahora habla?, ¿por qué fue parte y cómplice de las irregularidades del Fobaproa y de las corruptelas y abusos millonarios que se cometieron al amparo del rescate bancario al que obligó la crisis del 95?

Todos ellos, los Gurría, los Guillermo Ortiz, los Carstens, los Gil Díaz, los Serra Puche, los Salinas, los Zedillo, los Córdoba Montoya, los Téllez, fueron los que impulsaron en México el adelgazamiento casi total del Estado en los asuntos financieros económicos, exactamente lo que llevó a los millonarios fraudes bancarios, a los costosos rescates carreteros, a los fraudes cañeros, a los errores de diciembre, a las crisis dolorosas que vivimos los mexicanos.

Hoy a varios de ellos se les ve y se les oye cambiar. Mudan de piel y afirman que nunca fueron “liberales a ultranza”, que nunca defendieron el capitalismo salvaje, que siempre creyeron que se debía regular a las fuerzas del mercado. Lo hizo primero Salinas en su libro más reciente: Un paso difícil hacia la modernidad, donde lanza todas las culpas al sucesor que él eligió, Ernesto Zedillo, y se cura en salud de los estragos y el fracaso del modelo económico que él impuso.

Lo hace ahora Gurría y seguramente lo harán muchos más de ellos que, imitadores como fueron siempre de los modelos extranjeros, quieren verse a tono con el resurgimiento de las teorías keynesianas que regresan en el mundo, tras el colapso del capitalismo salvaje.

Todos querrán ahora sonar a Barack Obama cuando condenó “los abusos y excesos de algunos”, cuando habló de un “Estado más activo y vigilante del manejo económico”, cuando dictó un viraje en las políticas económicas que el imperio exportó al mundo y que, después de llevar a quiebras y crisis a varias naciones subdesarrolladas, incluida la nuestra, finalmente les explotó en la cara a los estadounidenses, sus creadores, con toda su estela de corrupción, inmoralidad y saqueo, que hoy los tiene sumidos en la peor crisis de su historia.

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